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Tomas Nassar [email protected] | Jueves 15 noviembre, 2007


Parece ser que los únicos que no condenaron la actitud de los presidentes Chávez y Ortega en la Cumbre Iberoamericana de Santiago, fueron, aparte por supuesto de sus congéneres regionales: Morales y Correa, los representantes de Izquierda Unida y de Izquierda Republicana de Cataluña, el primero evidente y tradicionalmente antagonista con la monarquía española y, el segundo, aparte de anti-monárquico, independentista y, por supuesto, opuesto a España.

Consecuente con lo que ha sido su conducta cotidiana desde el 17 de Marzo de 2004, cuando Rodríguez Zapatero lO derrotó en las elecciones generales, Mariano Rajoy, líder y único candidato posible del Partido Popular, es decir, un día sí y otro también, lanzó su amarga diatriba contra el Presidente del Gobierno Español, acusándolo prácticamente de responsable de los desplantes de Chávez y Ortega, los que encuentra como el resultado natural de la política exterior española. Siembra vientos y cosecharás tempestades, recordó Rajoy a Zapatero en su aparición de turno.

Más allá de lo que ha sido la posición de los populares, de no reconocer mérito alguno al Presidente español, en lo único que podría concederle el beneficio de la duda, es en su certeza de que en la política exterior hacia Iberoamérica hay que tener mejor olfato y menos simpatías.

Me confieso adepto al Gobierno de España, lo que en primer lugar significa que soy proclive a su concepción de sociedad y Estado y en contra de la política de la fuerza que caracterizó a José María Aznar durante su mandato y que fue, en definitiva, la que impidió a Rajoy asumir en 2004 la Presidencia de Gobierno, en especial porque los muertos de Atocha del 11 de marzo les cobraron a los Populares en las urnas la participación en el triunvirato invasor de Irak.

La sociedad española difícilmente ha visto, en la era de la democracia, una posición más antagonista que la que ha mantenido la oposición con este Gobierno. Esta no ha tenido, ni siquiera, la sensibilidad de conceder beneficio al Gobierno en su lucha contra el terrorismo de ETA.

Por eso, porque ha sido víctima de la filosofía de su exterminio político que pretende el PP, la defensa del ex presidente Aznar en Santiago de Chile de los exabruptos proferidos, es un gesto que todos los españoles deberían abonarle a su Presidente con generosidad y desprendimiento, porque más allá de sus enormes diferencias ideológicas, Rodríguez Zapatero demostró altura y desprendimiento en la defensa de la institucionalidad española.

No es de esperar, por supuesto, que suceda nada en los canales diplomáticos, más allá del enfriamiento de las relaciones bilaterales España-Venezuela y España-Nicaragua, que resulta lógico y consecuente con los hechos.

Ya se anunció que no habrá llamado a consultas al embajador en Caracas. Sin embargo, a lo interno, supongo que el Partido Popular y el PSOE coincidirán en la necesidad de, al menos, revisar el tema de la venta de equipo militar de España a Venezuela, acordado a inicios del presente año y que tantas críticas ha merecido a la gestión del gobierno.

Las declaraciones del presidente Chávez, concluida la Cumbre, en contra del rey don Juan Carlos y la exaltación de ánimos en el Estadio Nacional de Santiago, habrá sido útil a lo interno de Europa para enseñar a quienes todavía no lo entendían, cómo andamos por estos lares y de qué se trata la cosa.

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