Tomas Nassar

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Jueves 20 Septiembre, 2007

Vericuetos
Tomás Nassar Pérez

Aprecio el comentario de don José Antonio Montero a mis Vericuetos del 6 de setiembre pasado, en relación con el artículo del presbítero Alberto Casals, “¿Diálogo con el Islam?”.
Me parece importante aclarar a don José, que mi desacuerdo con el padre Casals surge de que, a mi buen saber y entender, él considera la violencia y el fanatismo como características consustanciales del Islam. Así lo entendí y por eso lo comenté.
Espero, ahora, entender bien y no sacar de contexto lo que mi glosador apunta como “los extremismos y fanatismos del Islam”. Es precisamente a lo peligroso de una generalización de esta especie a lo que me refería en mi anterior columna y es, exactamente ese tipo de contenidos, los que me parece indispensable desterrar para superar ese estado de crispación donde la religión musulmana es considerada, per se, violenta, fanática y extremista.
Lo que he querido anotar, don José, es esencialmente que no debemos sentarnos a esperar a que vengan, recogiendo su cita de Sor Emmanuel Maillard, a tomar “un café y más que un café”, sino que podemos dar el paso cierto en la dirección correcta, invitándoles a ese café que tanta falta nos hace tomar y que no puede servirse sin una buena e indispensable dosis de tolerancia, elemento natural, como indiqué, del amor de Dios.
En la defensa de la vida, dada por El, soy intransigente, radical, extremista. No reconozco a nadie, en ninguna circunstancia, más que a Dios. Por ello jamás concederé valor alguno al terrorismo, a la guerra o cualquier otro tipo de violencia. Pero esta posición sobre la vida no es argumento suficiente para que, porque un grupo minoritario de desafectos justifiquen sus crímenes en sus creencias religiosas, vaya yo a asumir que la inmensa mayoría de 1.300 millones de islamistas puedan ser apuntados con el dedo acusador de muchos que patrocinan, con su conducta y sus juicios irrazonables, un conflicto de civilizaciones.
Aun sin conocerlo, estoy convencido de que es usted un hombre de bien y de justo criterio. Por eso sé que no aceptaría como válido que se hable de “los extremismos y fanatismos del cristianismo” por las muertes que produjeron católicos y protestantes en Irlanda, por los crímenes del Ku Klux Klan que defendía su odio racista con la cruz de Cristo; y por los millones de vidas truncadas en nombre de una fe y de una iglesia que NO ES, lo reafirmo con mayúscula, la Fe ni la Iglesia de Cristo. Tampoco me parece justo acusar al Islam de violento por lo que algunos hagan en su nombre.
Esta, don José Antonio, no es una religión de guerra ni de muerte, como tampoco lo es el judaísmo y el cristianismo. Es, por el contrario, una Fe de Sumisión y de Paz, de un mismo y único Dios, el suyo, el mío y el de todos los que creemos en un solo Ser Supremo, sin importar cuál sea el camino que escogemos para ir a su encuentro. Esa es mi única verdad, que no pretende ser absoluta, pero que quiero fundar en la convicción de que con nuestros hermanos musulmanes y con nuestros hermanos judíos, más que diálogo y negociación se requiere comprensión, amor y tolerancia. En todo caso, son muchas más las cosas que nos unen que las que nos puedan llegar a separar.