Rodolfo Piza

Rodolfo Piza

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Miércoles 25 Febrero, 2015

No hay democracia sin elecciones libres, periódicas y competitivas, pero no basta con ello


Venezuela y la deconstrucción democrática

La democracia no es simplemente un procedimiento electoral para elegir por sufragio a un gobernante, es también un sistema de pesos y contrapesos entre poderes independientes y un mecanismo de convivencia política entre mayorías y minorías.
No hay democracia sin elecciones libres, periódicas y competitivas, pero no basta con ello. Lo esencial es el respeto a los derechos fundamentales, al debido proceso, a las libertades públicas y al Estado de derecho, especialmente de las minorías y de los grupos de oposición.
La democracia es el gobierno de la mayoría con respeto de las minorías en la célebre expresión de Giovanni Sartori. “Sostener que el derecho de la mayoría es ilimitado significa que no existen los derechos de los individuos. Sin embargo, si el individuo carece de derechos, ¿en qué consiste el derecho de la mayoría? Si el individuo equivale a cero, ¿cómo puede la multiplicación de ceros ser mayor a cero?”, se preguntaba acertadamente James Bovard en su Freedom in Chains.
Lo dicho viene a cuento de la deconstrucción democrática de un país hermano: Venezuela. Coaccionar y limitar escalonadamente a los medios de comunicación independientes, controlar todos los poderes del Estado (especialmente el Judicial y el Electoral), amedrentar cotidiana y persistentemente a la oposición, arrancarle competencias y poderes a los gobiernos locales independientes, utilizar los poderes públicos, los fondos públicos, los medios públicos y participar descarada y abrumadoramente en los procesos electorales para garantizar las reelecciones indefinidas de sus gobernantes, son acciones contradictorias con la democracia.
Una deconstrucción que, en medio de la mayor bonanza petrolera de su historia (por más de 12 años), no solo no fue capaz de mejorar sostenidamente el nivel de vida de los venezolanos, sino que ha dado lugar a un empeoramiento gravísimo de sus finanzas públicas, de la corrupción (ver Transparencia Internacional), de la inseguridad ciudadana, del costo de la vida, de la escasez, de la producción nacional y hasta de la pobreza que se dice combatir.
Deconstrucción agravada por el arresto del alcalde del Distrito Metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, por parte de las autoridades de inteligencia del Gobierno (no judiciales), junto con el encarcelamiento y el proceso silenciado contra Leopoldo López y la persecución de tantos líderes de oposición, incluida la destitución de la legisladora María Corina Machado.
El argumento: la supuesta preparación de un presunto golpe de Estado contra el Gobierno de Maduro. Quienes pueden dar un golpe de Estado, son los que dirigen las fuerzas armadas. Pero resulta que ninguno de ellos, ni tiene influencia ni las maneja. Si se tratara de autores intelectuales, ello obligaría a determinar y probar la existencia de autores directos y de la relación de esas fuerzas armadas con los “acusados”.
En el marco del respeto a la libre determinación de los pueblos, de los convenios internacionales de derechos humanos y de la Carta Democrática Interamericana, los costarricenses nos solidarizamos con el pueblo venezolano y pedimos respeto a la independencia de los poderes, a la libertad de las personas y al debido proceso.
 

Rodolfo E. Piza Rocafort