Universidades privadas metidas en camisa de fuerza
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Centros académicos denuncian trabas al lanzar nuevas carreras o reformar las existentes
Universidades privadas metidas en camisa de fuerza

• Rectores fustigan al ente que emite permisos por falta de liderazgo histórico, carencias materiales y presupuestarias que derivan en lentitud de procedimientos
• Conesup supervisa 1.701 carreras con solo 30 funcionarios, pero está en fase de reestructuración para responder a las exigencias contemporáneas

Eduardo Baldares
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Aunque las universidades privadas quieren mantener un ritmo de crecimiento como el de los últimos tiempos, graduando más del 60% de los egresados en todo el país por año, sienten que el ente encargado de emitir permisos obstruye su expansión, metiéndolas en una camisa de fuerza llena de trabas metodológicas, materiales y hasta conceptuales.
Entre las críticas más puntuales que hicieron los rectores consultados por LA REPUBLICA sobre el Consejo Nacional de Enseñanza Superior Universitaria Privada (Conesup), resaltan la falta de recursos, la lentitud para hacer las evaluaciones para iniciar una carrera, o bien para reformar una existente; la excesiva regulación a priori por encima del seguimiento posterior; el choque de criterios antagónicos en un mismo estudio y la complejidad tramitológica.
Además, se cuestionó el constante cambio de enfoque relacionado con la inestabilidad de su dirección ejecutiva y la fiscalización por separado de las entidades públicas y las privadas.
Ante esto, el Estado no piensa quedarse de brazos cruzados, y de hecho Leonardo Garnier, ministro de Educación, se comprometió a fortalecer al Consejo, según dio a conocer la directora ejecutiva Evelyn Chen, quien revelará los detalles cuando tenga lista la propuesta de reestructuración en la que trabaja desde que asumió, hace dos meses.
Chen asevera que el objetivo es modernizar el proceso de acreditaciones tal como demandan los supervisados.
Por el momento, a los rectores les parece erróneo que se enfoque en la revisión a priori, “cuando debería prevalecer una fiscalización a posteriori, dándoles libertad de enseñanza a las instituciones”, especificó Henry Rodríguez, rector de la Universidad Interamericana, quien le dio una calificación a la entidad de “entre 5 y 6”.
Sobre los recursos materiales y humanos del Consejo para ejecutar la inspección que la ley exige con la agilidad que requieren las instituciones privadas, Arturo Jofré, rector de la U Latina, estima que “ha sido históricamente un ente débil, pero pese a las demoras y la falta de uniformidad en los criterios técnicos, creo que realizan una labor social importante”.
Se coincide en el acierto de los últimos nombramientos de directores, calificándolos de personas con visión y trayectoria académica, pero se lamenta que ninguno haya perdurado en el cargo. “En casi seis años que llevo de rector, ha habido un número similar de directores”, aseveró Jofré.
El constante cambio de directores ha derivado en una falta de liderazgo palpable. “Quizás por la escasez de recursos que sufre esa institución, llegan directores con buenas intenciones, pero se extenúan, y como lo revisan todo tan meticulosamente y hay poco personal (30 personas), se tardan demasiado en dictaminar y al ser ya 50 universidades privadas (y 1.701 carreras aprobadas) se ven agobiados por el trabajo”, explicó el rector de la Universidad Interamericana.
También se adversa que las universidades públicas tengan injerencia mediante consultas que les hacen sobre las carreras propuestas; “les estamos dando información y trabajo a instituciones competidoras”, consideró Rodríguez.
El rector de la Interamericana defiende que debería existir un ente integrado que supervise la educación superior como una sola, y no uno que sea solo para las privadas. “Deben tomar en cuenta que un 60% de los graduados sale de las privadas”, esgrimió.
Asimismo, hay observaciones específicas hacia los tecnicismos que entraban la acreditación de carreras. “Antes, una buena fuente de consulta era Opes (Oficina de Planificación de la Educación Superior, de las universidades públicas), pero el reglamento abrió la posibilidad de consultar a cualquiera, a quien guste el analista de un caso particular, por lo que ahora se junta una catizumba de opiniones, ¡incluso opuestas!, que se ponen en un fólder y lo complican todo”, puntualizó Guillermo Malavassi, rector de la Universidad Autónoma de Centroamérica (UACA), quien a la vez es representante de las universidades privadas ante el Conesup.
Para Malavassi existe una constelación de factores para armar el personal docente, que es difícil de conjuntar, “y cuando se junta, entonces se muere alguno o se va otro, y hay que encontrar una pieza exactamente igual, y a veces eso es como conseguir una pieza de carro que ya no la fabrican. Esa constelación nadie la puede cumplir al pie de la letra”.
El rector de la UACA asegura que si el Conesup hubiera sido el órgano apropiado en su momento, ninguna universidad pública hubiera abierto las puertas, pues a su juicio pide demasiados requisitos”.
Como recurso final, Malavassi mostró su reloj, visualización del factor–tiempo: “Supuestamente los asuntos deben resolverse en un mes… ¡pero a veces tardan un año o más! ¿Y la libertad de enseñanza?”.
“La experiencia ha sido muy negativa, especialmente para iniciar o reformar carreras. La dinámica actual queda atada por los tiempos excesivos, los detalles y formalismos que han prevalecido en Conesup. Hace falta políticas claras y uniformes al respecto”, concluyó Jofré.

 




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