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Miércoles 18 Septiembre, 2013

Una democracia rutinaria e improductiva

Pasar revista sobre el estado del país, y sobre los problemas más relevantes de nuestra vida como nación y como pueblo, es como volver siempre al punto de partida. Las situaciones conflictivas no se resuelven, se posponen. Frente a temas graves saltan muchas propuestas, pero no existe la voluntad y capacidad para acercarlas y construir un planteamiento común. Las salidas de “contingencia” se han convertido en la respuesta de todos los días, ante la incapacidad de estructurar planteamientos de fondo. Y así pasamos de un gobierno a otro y a otro; cambian las formas pero todo permanece igual.
El recurso que siempre aparece más a la mano, en el mejor de los casos, es adoptar las decisiones más fáciles, que generalmente no son las mejores y se agotan en el corto plazo. Así hemos actuado con el tema fiscal, el energético, la infraestructura, la dispersión institucional, la salud, la educación, el empleo público, para solo hacer referencia a algunas situaciones críticas que son recurrentes en el panorama nacional.
Hay que tomar en cuenta también que en el escenario político y social del país han emergido más actores, con una amplísima gama de concepciones y posiciones, lo que dificulta llegar a acuerdos; pero justamente por ello, se exige mayor reflexión y capacidad de provocar consensos de parte de quienes pretenden asumir las riendas del país. Tómese en cuenta que, muy posiblemente, ese escenario multipartidario tendrá repercusiones en la conformación de la próxima Asamblea Legislativa.
La realidad es que las acciones apaga-incendios cada vez encuentran menos espacio. La frustración y el desencanto por la ausencia de soluciones golpean a más sectores y tienden a poner en cuestionamiento las bases mismas de nuestro sistema democrático.
Hay que actuar ya. El país requiere planteamientos de fondo, de largo alcance, de políticas de Estado que no sean flor de un día ni se disuelvan ante la primera dificultad. Para ello hay que tener voluntad para conjuntar el equipo que pueda construir esas propuestas, visión sobre el gobierno que requiere la Costa Rica de nuestro tiempo, y capacidad para sumar, unir voluntades en una gran convocatoria de UNIDAD NACIONAL que pueda darle orientación y contenido a un gobierno de nuevo tipo, que trascienda las barreras tradicionales partidistas, y se convierta en el gobierno de los mejores a favor de las mayorías.
A estas alturas de mi vida y de mi carrera política estos son los temas que me inquietan y me estimulan en mi actividad política. Hay que romper con una tradición de hacer política cuya principal característica es la improductividad. El parlamento debe volver por los fueros del debate profundo, serio, a veces duro, pero siempre cátedra de formación ciudadana, al mismo tiempo que elevar la calidad de la legislación que se genera. El Ejecutivo debe actuar como guía de la nación, con nortes bien definidos y una permanente interacción con el parlamento y sus fracciones políticas.
Ya no se trata de administrar el poder. Se trata de ejercer ese poder, con voluntad, flexibilidad para consultar y firmeza para tomar decisiones.
Desde mi perspectiva, bien vale la pena darlo todo por un esfuerzo de esta naturaleza.

Luis Fishman

Diputado