Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 25 Julio, 2008

Una estúpida lucha

Luis Alberto Muñoz
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En la actualidad, los discursos y promesas de los gobernantes pueden ser resumidos en tres temas principales.
Primero, la calidad de la democracia. Segundo, el bienestar. Tercero, la lucha entre igualdad y desigualdad.
El énfasis que se pone en estos tres puntos es lo que determina hoy la tendencia ideológica de un gobierno.
La visión de derecha sobre el desarrollo tiende a poner mayor importancia en los aspectos primero y segundo. En el otro extremo, el discurso de la izquierda recae más sobre los puntos segundo y tercero.
Por supuesto, la lucha entre ambas posturas es sumamente clara. Mientras unos gastan miles de palabras para declamar y alardear sobre una mayor calidad de la democracia, los otros utilizan la labia política para arremeter en torno a la desigualdad e igualdad.
Mi interés en este caso es encarar y cuestionar el discurso político, ya que la tónica en los gobiernos latinoamericanos es una inmensa brecha entre la palabra y la acción.
Al pueblo se le convence con ideas “bonitas”, sin embargo a la hora de la verdad el vacío de soluciones es recurrente de elección a elección.
En el fondo, tanto las promesas de la izquierda como de la derecha son lo mismo, pues difícilmente llegan a concretarse. Esto explica por qué Latinoamérica se mueve con un péndulo ideológico, que en esta ocasión viaja hacia la izquierda.
De Norte a Sur, hacia la izquierda van, con distinta moderación, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Chile, Argentina, Uruguay y Brasil.
Con tendencia a la derecha, México, El Salvador, Panamá, Colombia y Perú.
¿Y Costa Rica? Difícil de definir, pues muestra tendencias de derecha e izquierda a la vez.
En todo caso, Costa Rica ha sido siempre un país moderado, que busca la sensatez del centro.
Cada bando proclama tener la fórmula mágica para llevar a su pueblo al desarrollo.
Lo cierto es que la estúpida lucha entre izquierda y derecha en Latinoamérica, que tanto ha desgastado y empobrecido a los pueblos, está marcada por una gran ausencia, la guerra contra la corrupción.
El cáncer de los gobiernos regionales es la corruptela en la función pública, a la cual tanto la derecha como la izquierda ignoran, pues ambas son adictas al abuso del poder.
No será hasta que surja un verdadero enfrentamiento contra la corrupción, con hechos y no con palabras, cuando América Latina pueda ver la luz del desarrollo. El resto es demagogia.