Leiner Vargas

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Martes 26 Mayo, 2015

El discurso del primer año de labores del Presidente se va en excusas y evita mencionar logros significativos de gestión

Reflexiones

Un siete o un cinco

Ocho de cada diez costarricense no avalan la gestión del actual gobierno y de su presidente Luis Guillermo Solís, según la última encuesta de opinión pública disponible. El desempleo llega a su cifra histórica más alta de la historia económica reciente del país.
El discurso del primer año de labores del Presidente se va en excusas y evita mencionar logros significativos de gestión. Estamos a la espera de la evaluación de los ministros y de los cambios de rumbo que tanto ha prometido el Presidente. El Ministro de Hacienda dice que le da pena tener que contarles a las calificadoras de riesgo sobre la situación de los proyectos fiscales en el plenario legislativo. A un año de haber asumido el mandato presidencial, el gobierno cae sustantivamente en las preferencias de los costarricenses, producto de un equipo que no estaba preparado para gobernar y de un capitán del barco que no ha dado la talla ante los principales desafíos del país.


Si bien es cierto como candidato y político resultó ser brillante, el presidente Solís no ha dado la talla como capitán del barco en este primer cuarto de la travesía, referido a su mandato presidencial. Si bien aún quedan tres cuartos más para terminar el recorrido, debiera ser mucho más el presidente de los costarricenses y mucho menos el analista de los temas políticos o el académico que evalúa a sus estudiantes.
Inclusive, su último análisis sobre la labor de su propio gobierno y su evaluación como presidente, pareciera haber sido poco certero y muy benevolente consigo mismo, cuando dice que su gobierno y gestión se merecen un siete, en tanto la ciudadanía lo califica con un clarísimo dos. Siete o dos, en mi forma de verlo creo que apenas se merecería, un cinco.
Si bien la campaña mostró lo contradictorio de la política costarricense, un capitán sin equipo y un equipo sin capitán, el gobierno, o rejuntado, como algunos lo han llamado, no ha sido para nada consistente con sus predicas de campaña y mucho menos con el discurso PAC que antecedió a su llegada.
El despilfarro público continúa, no existe una política austera que garantice una adecuada gestión de lo público y por el contrario, se ha vuelto a la política tradicional, donde se dice una cosa en campaña y otra muy distinta en el gobierno. Las tortas o metidas de escarpines como se dice popularmente están por doquier, ya ni un concierto se puede organizar bien en el Estado costarricense.
Pareciera entonces que no existe tal cambio, ese que llevó a tantos costarricenses a creer en el primer gobierno PAC de la historia. Parece entonces que esperaremos con ansias a que finalice los tres cuartos que aún faltan de este viaje, claro, con la esperanza que al menos en extraordinario el presidente Solís y su gobierno pasen la nota de dos a siete. Si así lo hacen, al menos el país no requerirá de terapia intensiva en el futuro gobierno, pero todo está por verse.

Leiner Vargas Alfaro
www.leinervargas.com