Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 21 Enero, 2011


Un paso en falso


Crear una policía de frontera es una mala decisión. Probablemente es la peor alternativa de todas las disponibles. Como diría el profesor de Harvard, doctor Michael Porter, en el campo de la competencia empresarial, el posicionamiento en la mitad es el peor tipo de posicionamiento. El crear una policía de frontera trae consigo solo desventajas. Por más vueltas que uno le da a esta medida, no hay por donde encontrarle sentido. En cuatro puntos resumiré por qué esta medida no ayuda.
Primero, las fronteras, cuando hay un vecino belicoso, se encienden con cualquier bravuconada, con cualquier irresponsabilidad, pero también el fuego se puede abrir con acciones conscientemente provocadas. Cuando el fuego comienza, ya el tamaño del incendio nadie lo puede predecir. ¿Qué haría allí una policía de frontera? Muy poco, tal vez servir de carne de cañón, ya que siempre estarán en desventaja frente a un ejército con armamento sofisticado y en gran volumen.
Segundo, a nivel internacional Costa Rica aparecería como un país con ejército, aunque no lo tenga. El solo nombre de “policía de frontera” nos indica dos cosas: hay gente armada y preparada para —si se presenta un conflicto— enfrentar al ejército de otro país. Si fuera solo para asuntos migratorios es otra cosa.
En realidad lo que se requiere es una policía bien capacitada, bien equipada, bien pagada, que esté en condiciones de enfrentar a la delincuencia nacional e internacional que cada día nos gana las batallas en las calles.
Si la creación de una policía de frontera fuera la solución de los problemas limítrofes, que no lo es, entonces esta policía altamente competente y equipada, formada para la defensa de la delincuencia interna, podría cubrir esa necesidad fronteriza.
Tercero, cada vez que hay un problema fronterizo se acusa al país de tener ejército, como una forma de desacreditarlo. Felizmente nadie a nivel internacional se ha tragado esa absurda falsedad. Sin embargo, si se llega a constituir la policía de frontera, esto daría una buena excusa a los ofensores para decirle al mundo que están enfrentando a un ejército, bien entrenado y dirigido solo a un propósito: defenderse de otra nación (ellos dirían “atacar a”).
Cuarta, esta tentativa de solución implica un enorme gasto. Lo trágico es que no resolvería los problemas de invasión, es más probable que los agrave. Cuando un conflicto bélico arde, el más poderoso en fuerza y armamento lleva una ventaja, aunque no tenga la razón.
Costa Rica es un modelo internacional de paz, un paso en falso puede dañar este prestigio que lo hace diferente y que forma parte de esa reserva moral que tiene el mundo. Por ahora debemos esperar los resultados de la Corte Internacional de La Haya, lo que será importante no solo para el país, sino para todos los países que esperan que la institucionalidad internacional actúe con prontitud frente a actos de invasión como este.

Arturo Jofré
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