Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 3 Noviembre, 2009


Un inicio…

La renuncia, su carta y entereza han hecho que muchos —lejos de las barreras partidarias— reconozcamos la valía de Karla González. A propósito de la tragedia de Turrubares que, sin lugar a dudas cae en su ámbito de responsabilidad, ha asumido el propio y se ha hecho a un lado.
No sin antes plasmar lo básico de la gestión de cualquier funcionario público y dejar claro el porqué de su partida. Y, de paso, apuntarse logros y retos para quien viene. Esto último nos resulta innecesario.
Dijo doña Karla:
“Me solidarizo con el sentimiento de enojo (de las familias de las víctimas) ante un Estado y un Ministerio de Obras Públicas que les falló. No cuenta que hicimos mucho, porque no fue suficiente. Ahí debía haber un puente nuevo y no estaba, así que fallamos”.


Ha hecho mal don Oscar quien, en medio de su soberbia, no entendió la dimisión de doña Karla cual si fuera un hecho que dependía solo de su aceptación. Simple transparencia debería señalar el que camino de quien, sigue sin resolver porque no nos han informado del sucesor siendo que el tiempo apremia.
Transcurrido lo obvio, hay que añadir lo que no resulta tanto. En medios sociales, esos que se deberían llamar en castellano Feisbuc y Tuiter, hay personas que han organizado grupos para:
Primero, no aceptar la renuncia de doña Karla. Esta es la que me resulta más difícil de entender y a la que por principio, no me uno. El renunciar es un acto personalísimo. Si el tema es de reclamo, equivocan la vía.
Segundo, proponer que doña Karla lance una candidatura de cara a 2014. A ver, que no termino de captar el final, ¿será que el ponente se ha quedado sin chamba de cara a los próximos cuatro años? Solo así un trasnochado puede postular cinco años antes y, sugiriendo camino, a una persona que sale en medio de una tragedia.
La carta de Karla, sin el doña por ahora, responde no solo a su obligación sino también a la necesidad urgente que tenemos de encontrar —dentro de la función pública— un referente de dignidad.
Me ocupa montones el tema porque me siento perdido. Timothy Keller ha escrito en su libro “La razón por Dios” (y lo traduzco libremente):
“Las posiciones morales y espirituales son producto de un momento histórico y cultural de cada uno y, por ende, nadie puede ni debe afirmar que conoce la verdad. Sea que ninguno puede afirmar que su verdad es más espiritual o moral que la de otros (…)”.
Hemos iniciado un proceso de recuperación, pero no debemos olvidar preguntas tan básicas como la que hace Keller a propósito de los profetas:
“¿Por qué te importa?”.