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Jueves, 15 de noviembre de 2018



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T$unami acecha

Luis Alberto Muñoz [email protected] | Viernes 14 septiembre, 2012



T$unami acecha


Ben Bernanke en la Reserva Federal planea una inyección de $40 mil millones por mes, un tsunami monetario que se dirige a la compra de activos hipotecarios, con la esperanza de reactivar empleos en la economía estadounidense.
Esta sería la tercera intervención desde el colapso por el estallido de la burbuja inmobiliaria.
Los manotazos de estímulos no fueron suficientes para reanimar a la potencia mundial, y el resultado ha sido más bien un nuevo tsunami de dólares que afectará al resto del mundo, y pondrá a muchos bancos centrales entre la espada y la pared: inflación o altas tasas de interés.
Para Costa Rica, las medidas anteriores han significado una revaloración relativa a un 20% del colón en los últimos tres años, mismo efecto en otras monedas latinoamericanas.
La bazuca de Bernanke apunta ahora contra sus probabilidades de funcionar.
Su estrategia es presionar las tasas de interés para que no suban y ejecutar la inyección de dinero poco a poco, condicionada al mejoramiento de la economía.
Sin embargo, los estímulos anteriores, al igual que este, no fueron eficientes por una razón más psicológica que otra cosa.
Tras años tendidos de crisis, en términos generales, de ver sus casas pasar a manos de los bancos, los estadounidenses han cambiado sus hábitos de vida y financieros.
Ahora con deudas readecuadas a largo plazo, la prioridad es salvar sus viviendas y disminuir el resto de créditos y gastos suntuarios.
En teoría la nueva inyección debería liberar la presión sobre los consumidores ahogados en hipotecas y por ende impulsar el consumo personal.
Es más probable que quienes se vean beneficiados por la receta de Bernanke sean los propios bancos y la industria de fondos de inversión, recostada sobre “securities”.
Las intervenciones anteriores, que incidieron primero en Wall Street y después en la producción, fracasaron porque no impactaron eficientemente sobre el elemento central de la economía norteamericana: la confianza del consumidor.
Poco se logró recompensando a los intermediarios financieros mientras la depresión perseguía a millones de ciudadanos sin esperanzas de empleo bien remunerado.
La bazuca de Bernanke parece ahora más dirigida a impactar el escenario político, transmitir confianza a los productores, congraciarse con el sector financiero-bursátil y generar un ambiente de “optimismo imaginario” sobre millones de votantes, en el intento de Barack Obama por su reelección.

Luis Alberto Muñoz