Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 12 Marzo, 2014

Algunos intentan desesperadamente evadir el hecho político incuestionable que implica el estallido de una crisis (en el PLN)


Hablando Claro

Tras cuernos, palos

Liberación Nacional es una sede de Babel. Todo en la agrupación verdiblanca aumenta hoy la torre de la confusión.
A las recriminaciones y la frustración que brota —comprensiblemente— en el sinsentido de la hora funesta que está padeciendo, se añade la incoherencia de las muy variopintas “iniciativas” con las que algunos intentan desesperadamente evadir el hecho político incuestionable que implica el estallido de una crisis que —en contra de lo que propios y extraños podíamos imaginar— se produjo en pleno torneo electoral y no, como era previsible, después del 6 de abril.
En otras palabras, el líder no pudo procesar en su ánimo y sus condiciones de carácter el resultado del 2 de febrero y ha arrastrado con su declinar a todo el partido que ya de por sí estaba pasando por un proceso de franco deterioro.
En medio de este pequeño gran caos (tampoco se trata de hiperbolizar el escenario político) hay también quienes de manera sorprendente han optado por la ruta de la evasión haciendo eco de que la decisión de Johnny Araya de cantar la retirada fue un acto casi heroico de un casi estadista que, magnánimo, pretendió allanarle el camino a Luis Guillermo Solís y al PAC para que adelantaran la formación de su gobierno o —tanto o más absurdo aún— que se trató de un acto altruista de ahorro a las finanzas públicas para que el estado costarricense no “botara” plata en una contienda en la que ya las cartas estaban echadas. Un argumento que no pasa la prueba de la inteligencia mínima.
¡Qué cosas ilógicas se escuchan y leen por estos días! Hasta el desatino de plantearle al Tribunal Supremo que ponga cuatro mesitas en la Explanada de las Libertades Electorales para hacer una disque votación simbólica!
Por ventura la insensatez no se contagia y son pocos los que padecen el brote que estamos seguros no llegara a epidemia aunque ciertamente, y en gran medida gracias a nuestros focos mediáticos, los locos y enfermos parecen muchos más de los que en realidad son. Está visto que parte del problema estriba en que cuando hay hambre y ganas de comer, todo puede convertirse en una tesis política.
Y como si todo esto no fuera suficiente para estar atónitos, nos encontramos ahora con uno o varios delincuentes electorales que al parecer pretendieron hacer una burda jugarreta para intentar manchar el proceso electoral.
Ojalá que pronto sean descubiertos los responsables y ojalá que los colegas que tienen indicios de la procedencia del ilícito se atrevan no a “encarar” al Tribunal, sino a trabajar con el organismo electoral y las autoridades policiales para llegar al fondo de la cuestión.
Lo que sí pareciera derivarse de lo sucedido es que quienes pretendían burlarse de los rigurosos procedimientos de garantía de la pureza del sufragio, de pronto dejaron de tener aliciente para hacerlo. Y si no, ¿para qué habrían de entregar la prueba de su pretensión a un medio de comunicación?
 

Vilma Ibarra