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Costa Rica no adquiere aún el sentido de responsabilidad y la madurez para exigir para sí una educación, no solo amplia y accesible, sino profunda y adecuada que la capacite para forjar su destino

Tarea pendiente

El enfrentamiento surgido entre la Asociación Costarricense de la Industria Fonográfica y Afines y las radioemisoras nacionales, originado en convenciones y tratados internacionales firmados en algunos casos hace décadas, no hace más que poner en evidencia, desde una situación particular, una condición general que debe ser analizada y enfrentada adecuadamente en el país.
Hace ya muchos años que los procesos educativos en Costa Rica dejaron de tener la profundidad necesaria para el debido avance del pensamiento nacional y la maduración de una población que desea evolucionar hacia un mayor y mejor desarrollo. Instrucción no es sinónimo de capacidad para pensar.
El énfasis puesto en un sistema educativo inclinado a la memorización mecánica de conocimientos transmitidos de educadores a educandos deterioró la capacidad de razonamiento lógico, de abstracción y de análisis en la población estudiantil y por lo tanto en la masa de profesionales y en la sociedad en general.
Paralelo a esto, el paso de unas políticas de expansión estatal en las cuales un Estado responsable protegía a una población que confiaba en sus decisiones, a un proceso de paulatina transferencia de esos compromisos y ese accionar a la sociedad civil y a la empresa privada, se dio sin preparar a la población para asumir con responsabilidad el cambio.
Esto ha traído como consecuencia que, por ejemplo, se legisle en un ámbito cerrado, en el que las discusiones sobre los más importantes asuntos de repercusión nacional no son atendidos, analizados ni debatidos adecuadamente por una población que se interese en conocer las normas que ahí se discuten y que una vez aprobadas regirán sus vidas.
Es decir, que Costa Rica evoluciona hacia un mayor desarrollo, hacia una mayor complejidad de su estructura social que está ahora altamente especializada, pero su población no ha adquirido el sentido de responsabilidad que requiere y que la impulse a exigir no solo amplitud en el acceso a la educación sino mucho mayor profundidad en esos procesos, para ser un conglomerado humano pensante capaz de interesarse por forjar su destino.
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