Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 12 Marzo, 2014

Las encuestas preelectorales no deberían ser tema de discusión durante una campaña que tiene como fin educar al votante sobre candidatos, partidos y programas


Sobre las encuestas políticas

Escribo esta columna porque estoy sumamente preocupado por la reputación de las encuestas después de las elecciones recién pasadas. Las encuestas preelectorales no deberían ser tema de discusión durante una campaña que tiene como fin educar al votante sobre los candidatos, los partidos y los programas que ofrecen como parte de su esfuerzo de atraer apoyo.
Una encuesta es un proceso científico con reglas claramente establecidas y, si estas se siguen rigurosamente, no deberían aparecer diferencias en los resultados de una organización que la hace y otra.
La clave de la encuesta es la muestra aleatoria; en Costa Rica todos los que realizan estas mediciones las hacen con base en una muestra de hogares; hay más o menos 1,1 millones en todo el territorio nacional y cada uno de estos debería tener igual oportunidad de ser escogido.
Es allí donde es muy probable que se hayan provocado las diferencias entre los resultados de una empresa encuestadora con todos los demás que estuvieron midiendo las tendencias en la intención de voto. Si bien es cierto que cuando la CID/Gallup comenzó a realizar encuestas —y fue esta empresa la que introdujo este tipo de estudio en Costa Rica y en todo Centroamérica— se podía llegar a todas las casas, desde los principios de los ochenta se fue limitando la admisión de los enumeradores.
Cuando se comenzaron a realizar encuestas los costarricenses se fascinaban con participar —el rechazo era mínimo. En muchos casos se le invitaba al entrevistador a “pasar adelante” para tomar un cafecito mientras se administraba el cuestionario.
La hospitalidad comenzó a desvanecerse con la aparición de “La Familia”, un grupo terrorista que operó brevemente en el país; construía cárceles clandestinas para usar en secuestros y se dedicó a los asaltos y asesinatos.
A los habitantes les comenzó a dar miedo y después, según creció la delincuencia, se construyeron residenciales con guarda en la entrada, otros con “agujas” y desde luego comunidades en condominio.
CID/Gallup estima que en 2014 un 20% de los hogares del país, especialmente donde residen familias tipo “AB,” no son accesibles a pie y otro 10% tampoco puede ser alcanzado porque son tan peligrosos los barrios que los entrevistadores corren el riesgo de ser asaltados violentamente si comienzan a tocar puertas y hacer preguntas.
En el caso de los barrios peligrosos se ha probado enviar entrevistadores con guardaespaldas armados para protegerlos, pero se hizo más dificultoso el proceso en esos casos.
Una encuesta que supuestamente se hace usando una muestra que es 100% “cara a cara,” si bien es cierto que pudiera ser correcta en el escritorio por la selección de los hogares, el acceso a los informantes es dudoso y es probable que no se llegó a los AB y E.
CID/Gallup, con la asesoría de expertos internacionales de The Gallup Organization, diseñó un sistema que combina 30% por teléfono para los estratos inalcanzables citados, y 70% a pie que permite resolver el desafío.

Carlos Denton
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