Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 26 Agosto, 2011


Sigue Ortega con calentura


Era predecible que Daniel Ortega, presidente nicaragüense, volvería a su trillado conflicto en Isla Calero.
Su latoso monotema ha sido efectivo para desviar la atención de los fraudes electorales en su país y generar el nacionalismo que necesita para enquistarse en el poder.
Conforme se acercan las elecciones del 6 de noviembre, era de esperar nuevas provocaciones, exabruptos y majaderías con la Isla Calero.
El desafío más reciente fue el ingreso documentado de unos 100 miembros de la Juventud Sandinista, algunos de los cuales se instalaron, invadiendo el territorio costarricense, haciendo caso omiso a las medidas exigidas por la Corte de La Haya.
Sigue Petra, como decimos en Costa Rica, con calentura… en este caso la de Ortega, que esta semana aprovechó la Plaza de la Revolución en Managua para “saludar a esa juventud que está allá en nuestro río San Juan, resguardando nuestra soberanía”.
La palabra “soberanía” resuena hueca y demagógica en el discurso de este político calculador, pero expone la intención de Nicaragua de avanzar rápidamente con sus planes de dragado y de una infraestructura que ahora incluye un aeropuerto, ¿civil-militar?, en la margen del San Juan, por cierto que está siendo construido por una empresa costarricense, que esperemos no sea para que terminen los nicas repartiendo “meco”.
No tomar en serio los peligrosos pasos de Ortega es un acto casi “suicida” para Costa Rica.
Nuestro país no tiene por qué confiar en las “buenas intenciones” de un líder amigo del derrocado dictador libio, Muammar al-Gadafi, al que inclusive, señalaron agencias internacionales de noticias, sin ser confirmado por Managua, podría ofrecerle asilo en el caso de que apareciera.
Asimismo, a Ortega lo ha visitado Mahmud Ahmadineyad, presidente de Irán.
Pero más importante que su club de coctel geopolítico, es analizar las opciones y capacidad de respuesta costarricense.
Hasta el momento, por más cámaras inteligentes y supervisión satelital, la única reacción posible es diplomática, ante los organismos internacionales.
Al respecto ya tuvimos una cara lección, un plato de babas que dejó cuentas de honorarios legales para el Estado, y cuyas resoluciones están siendo pisoteadas a vista y paciencia de todo el mundo.
El asunto es que las calenturas de Ortega no parece que vayan a ser pasajeras, y continuarán como parte de su nuevo mandato, por lo que es mejor que Costa Rica empiece a definir acciones menos improvisadas al respecto, más allá que acudir a los “platos de babas” internacionales.

Luis Alberto Muñoz