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Viernes, 5 de marzo de 2021



COLUMNISTAS


¡Siempre es más fácil!

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 29 enero, 2021


Sinceramente

Siempre es más grato gastar que ajustarse la faja. Siempre es más fácil subir sueldos que congelarlos. Siempre es más fácil dar recepciones y fiestas que privarse de ellas. Siempre es más fácil dar trabajo que despedir personas. Siempre es más fácil ser generoso con el dinero ajeno que ser ahorrativo y cuidadoso en lo que se gasta. Siempre ha sido más fácil incurrir en ocurrencias efectistas que en una cuidadosa y ordenada administración de los recursos. Siempre ha sido más sencillo crear instituciones sin conocer su sostenibilidad, aunque en el tiempo se tornen inútiles y se luche entonces denodadamente por conservarlas por ser logros del partido y de sus próceres. Siempre es más fácil crear gastos y proyectos, instituciones y servicios sin conocer su costo ni de dónde saldrán los recursos para mantenerlas.

En año de comicios siempre es más productivo electoralmente gastar que contraer el gasto. Se ha creado la cultura en el país de gastar y construir caminos y dar beneficios a los empleados públicos y exoneraciones a grupos, y fiestas, premios y reconocimientos como forma de ayudar a la campaña electoral del partido de gobierno. Los diputados oficiales así lo esperan, casi que lo exigen. Los funcionarios de gobierno que esperan seguir en otros puestos y recibir beneficios en la siguiente administración, si llegara a ganar la contienda el partido suyo, buscan en qué halagar, en qué gastar, en qué premiar y aparecer generosos, claro con el dinero ajeno.

Ser generoso gastando el dinero que no es de uno ha sido tradicional de algunas agrupaciones políticas. Ser espléndido con el dinero que otros ganan trabajando duramente ha sido la forma de atraer votantes a las tiendas del partido en cuestión. Derrochar en conseguir votantes y en ganar imagen y salir con la mejor popularidad en las encuestas ha sido el propósito de muchos en tiempo de elecciones. Si no había ingreso tributario suficiente, lo sencillo, lo fácil era pedir prestado hasta el infinito, no ajustar el gasto ni su crecimiento.

Este año las cosas pareciera que por imposibilidad van a ser diferentes. Este año las dificultades fiscales estarán imponiendo una camisa de limitaciones a las costumbres y al gasto electoral de muchos. Probablemente encuentren formas de salirse de esas limitaciones, pero no será lo mismo. El país demanda seriedad y no gastar cuando no hay dinero. No hay dinero para gastar, no lo hay.

¿Por qué este año las cosas son diferentes? Bueno porque de acuerdo con los entendidos, el hueco fiscal llega a once mil millones de dólares y las consecuencias de este déficit en el sistema económico podría ser la no atención un aumento de las tasas de interés, que llevaría a una disminución en el crecimiento de la actividad económica, un aumento del desempleo, la pérdida paulatina de reservas internacionales y a una devaluación.

¿Qué nos ha colocado en esta grave situación? Gastar y gastar por encima de los ingresos tributarios y pedir y pedir prestado hasta llevar la deuda a cerca del 80% del Producto Interno Bruto. Veamos tres renglones del presupuesto que son reveladores de todo este círculo vicioso. Las pensiones de Hacienda, o sea las que se pagan con cargo al presupuesto de Costa Rica, son ya el 11,5% del mismo y suman un 3,6% del PIB. Estas son una carga tan pesada y tan regresiva que deberían haberse combatido a fondo desde hace años. Bueno ahora ya montan cerca del 90% del déficit primario del país. Y siguen campantes, y siguen otorgándose a nuevos pensionados todos los días.

Hay una discusión entre los que reciben los pluses y quienes los pagan. Los primeros, los beneficiados de los pluses señalan que no son causa del déficit fiscal. Veamos, ya éstos suman mil quinientos millones de dólares al año aproximadamente, llegando al 13% del gasto presupuestado por el país y son en consecuencia un 4% del producto interno bruto.

Entre pensiones con cargo al presupuesto nacional y los pluses el gasto llega al 7,6% del Producto Interno Bruto. Casi equivalen al cerca del 8% de déficit fiscal del 2020. Pero su peligrosidad estriba en que están creciendo más aceleradamente que la economía y claro está que la recaudación fiscal. Son un disparador del gasto, más allá de que son privilegios regresivos y nada tienen que ver con la justicia social o redistributiva.

Como los ingresos tributarios no alcanzan y llegan dichas cargas a cerca del 58,5% en este país, subir aún más los impuestos probablemente haría que las empresas dejaran de funcionar o se fueran de Costa Rica las que puedan hacerlo, por lo que nuestros gobernantes decidieron gastar, pero endeudándonos. Esto ha ocasionado que el servicio de la deuda, amortizaciones e intereses pagados lleguen a sumar el 94% del total del ingreso tributario. Muchas personas todavía insisten, contra toda razón, en que el país aguanta más deuda. Gastar el 94% del total de los impuestos recaudados en el servicio de la deuda es una verdadera barbaridad. El país aguanta cambiar una deuda por otra más barata o de plazo de pago más largo, pero ya no aguanta más deudas. El servicio de la deuda llega ya al 42% del gasto presupuestado y monta cerca del 13,3% del producto interno bruto.

Pensiones, pluses y servicio de la deuda suman cerca del 21% del producto interno bruto. Valga decir que la quinta parte de la producción nacional se gasta en estos tres disparadores del gasto. Ustedes juzgarán la magnitud del problema que esos tres renglones genera al país.

Nada podrá ser como antes, y las cosas fáciles, las ocurrencias efectistas, la creación sin conocer el costo de agencias, instituciones y contrataciones deberá quedar desterrada del país.

Emilio R Bruce profesor





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