Luis Alberto Muñoz

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Viernes 20 Marzo, 2009

Sexy o corrupta izquierda

Luis Alberto Muñoz
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La victoria presidencial del periodista salvadoreño Mauricio Funes, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, puede ser vista como una coincidencia entre una larga lista de gobiernos seducidos por la izquierda que forman parte de una nueva realidad de América Latina.
En su currículo, Funes cuenta haber entrevistado personajes de moda en la política regional entre los cuales figuran Hugo Chávez, Fidel Castro y Luis Ignacio Lula da Silva.


Es posible que la teoría del péndulo ideológico sea la más adecuada para explicar por qué la izquierda se ha vuelto más sexy en nuestro continente.
En el caso de América Central, solo Costa Rica y Panamá se mantienen con gobiernos de corte no definidos a primera vista.
En el país se podría argüir que las políticas de interés social del presidente Oscar Arias, lo colocarían en el centro izquierda. De igual manera se podrían calificar las acciones de Martín Torrijos en Panamá.
En todo caso, en comparación con Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, contrasta una tendencia de izquierda acentuada y definida, más allá de un oportunismo pragmático para establecer relaciones cercanas con sus vecinos.
Pasando a Suramérica, yace únicamente el gobierno de Uribe en Colombia de derecha, mientras el resto se mantiene en el corte socialista.
Ahora bien, urge analizar cuáles son las fuerzas que están generando los cambios de polaridad.
El descuido de las relaciones internacionales de Estados Unidos con América Latina podría estar entre las causas, sin embargo parece ser una respuesta demasiado simplista.
Por lo general el discurso de los gobiernos de corte social se centra en el tema de la desigualdad en la sociedad.
Por su parte, la derecha enfatiza en las promesas de mejorar la calidad de la democracia.
Sin embargo, la práctica demostró que la pobreza, la falta de oportunidades y el detrimento de las condiciones de las clases bajas no pudieron ser resueltos con corrupción.
Parece que América Latina se golpea de derecha a izquierda en una búsqueda desesperada por encontrar una solución a la pobreza, mientras su cáncer de corrupción se mantiene latente.
Hasta el momento, ninguno de los modelos ha sido capaz de enfrentar esta disyuntiva.
La sed de justicia social yace como la fuerza fundamental que mueve este péndulo oscilante.