Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 5 Marzo, 2014

Gane quien gane el domingo no habrá cambios bruscos y la vida en El Salvador continuará normalmente; las instituciones democráticas se fortalecerán


Se arraiga la democracia salvadoreña

Los acuerdos de paz negociados en Chapultepec lograron establecer un cese de fuego en la guerra civil de más de una década en El Salvador a partir del 1 de febrero de 1992; las hostilidades cesaban por solo nueve meses, según el convenio.  Han pasado 22 años desde que terminó esa guerra y este domingo, cuando se celebra la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, es seguro que las dos partes, ganadores y perdedores, aceptarán los resultados y continuarán conviviendo pacíficamente. 
El Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN, oficialista), que agrupó distintas organizaciones alzada en armas en la guerra civil, participa en elecciones por cuarta vez; en esta ocasión presenta como su candidato a Salvador Sánchez Cerén, un excomandante y exministro de educación. 
Sánchez lideró las votaciones en la primera vuelta, pero no alcanzó el 50% que establece la Constitución Política como el mínimo necesario para ganar. 
La Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), que gobernó entre 1989 y 2009  presenta como su candidato al odontólogo Norman Quijano, exalcalde de la capital.  ARENA, fundado por un grupo que incluye el Mayor Roberto D’aubuisson, nace durante la guerra como brazo político de las Fuerzas Armadas combatiendo al FMLN.
Se puede decir que ambos, el FMLN y ARENA,  fueron de línea dura y durante la guerra murieron más de 75 mil salvadoreños en combate o colateralmente.
Se destruyó mucha de la infraestructura del país y se ahuyentó la inversión extranjera; más de un millón de los habitantes emigraron, muchos de estos a los Estados Unidos.
El proceso de reconstrucción ha sido duro y complicado; uno de los problemas principales ha sido el de la cultura de violencia creada antes y durante la guerra y que ostenta como producto la ola de crimen que poco a poco se está sofocando. 
Los enemigos de la guerra han aprendido a trabajar juntos en la búsqueda de soluciones a los problemas y han creado un consenso entre ellos; uno de los elementos principales es que se decide quien tendrá el poder en el país a través de las urnas electorales.
Pero existen otros componentes de ese consenso.  Hay aproximadamente 11 millones de salvadoreños en la actualidad, pero 3 millones viven en los Estados Unidos. Todos, efemenilistas y areneros, tienen parientes que residen, legal o ilegalmente, en el país norteamericano, y entienden que es mejor mantener buenas relaciones con Washington. 
El TPS, otorgado por el gobierno de los Estados Unidos, permite a algunos salvadoreños ilegales en el territorio norteamericano, permanecer. Mantener vigente el TPS es un objetivo de todo presidente salvadoreño independiente de su color político.
Ambos grupos, efemenilistas y areneros, entienden que tiene que existir y prosperar la economía compuesta por empresas privadas e inversiones extranjeras y también tienen interés en fortalecer la educación pública y el sistema de salud.
Gane quien gane el domingo no habrá cambios bruscos y la vida en El Salvador continuará normalmente; las instituciones democráticas se fortalecerán para el bien del pueblo.

Carlos Denton
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