Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 11 Agosto, 2009


Samba ¿sin ritmo?


Quienes apostamos por que Brasil ejerciera un balance latinoamericano, en medio de la confusión y la modorra, vemos con frustración su carencia de cara al conflicto hondureño. No obstante, una lectura medida de su posición, arroja realidades que no deben obviarse ni reconocerse.
Y aunque Lula parece no llegar a cumplir el liderazgo necesario, su propuesta es buena y lo están matando la historia latinoamericana y la dependencia de la región en los Estados Unidos, aunque algunos trasnochados no lo quieran reconocer.
La revista Economist de enero le apuntaba errores a su política diplomática a propósito de la cumbre en Salvador de Bahía. A pesar de haber logrado una asistencia impresionante, 33 países concurrieron, su estrategia por demostrar que Brasil era la fuerza en la región, falló. De acuerdo con el análisis, la izquierda en la región le cobra no solo el protagonismo de su Presidente, sino también —aunque no se diga— el desarrollo económico que su país ha conseguido.
Brasil, de repente, para sus vecinos volvió a tomar dimensiones de gigante aunque vulnerable. Ecuador, ese bastión de la sobriedad, se ha negado a pagar un préstamo por $234MM que mantiene con el banco de desarrollo brasileño. Similar recelo, si así se puede calificar el incumplimiento ecuatoriano, han demostrado Paraguay y Bolivia respecto del gigante del Sur.
Lula llegó a la Presidencia en medio de dudas y desconfianza. Según le leí y recordé, su lema de campaña en 2003 fue “Cero hambre” y, en asocio con lo anterior, erradicar la pobreza y poner fin a las décadas (por no decir siglos) de inequidad distributiva como frente de una gestión gubernamental.
Lula ha hecho más que eso. Ha mantenido el crecimiento de la economía brasileña a la vez que ha cerrado brechas. Tras seis años en el poder, ha partido la pobreza extrema en la mitad y ha logrado que la mayoría de sus conciudadanos estén en la clase media, un 52%
No todo ha sido rosas como empecé reseñando. Sin embargo, Lula no solo construyó sobre lo que su antecesor, Fernando Henrique Cardoso, había conseguido sino que ha trazado su propia ruta. Ese, el lulánico, es socialismo del bueno y debe emularse.
Lo resumo en algo que le he leído:
Primero, los programas que Brasil ha llevado adelante en etanol y biodiésel, son razones para creer que fuentes alternas de combustibles son posibles y realizables.
Segundo, su plan de autosuficiencia alimentaria marcha de la mano de su expansión de la manufactura agrícola. La consecuencia de sus programas se manifiesta en que lo hacen, a pesar de ser el segundo exportador de alimentos a nivel mundial, sin contemplar deforestación. En el Amazonas, Brasil ha logrado reducir en un 50% la deforestación.
Tercero, mantiene un vínculo estrecho con los más necesitados. No solo en su país, según ya se ha dicho, sino también en Latinoamérica y Africa, adonde sus iniciativas sociales (Cero hambre, combate al sida) son claves. En Mozambique, ha abierto una planta manufactura de medicamentos anti-virales a la que se le tiene fe de encontrar una cura al sida.
Brasil ha hecho un avance mayúsculo. Sus vecinos se lo minimizan por orgullo y pequeñez. Sí, a Brasil lo condena también su tamaño en nuestros contextos tan mal acostumbrados a la chiquitolina. Pero nada lo detiene y bien hacemos en apuntarnos a sus recetas.