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Rehén colombiano es liberado tras 12 años de secuestro
Moncayo recupera libertad con 32 años y tras perder su juventud en la selva

Pablo Emilio Moncayo, quien con más de doce años y tres meses de cautiverio ha sido uno de los rehenes que más tiempo ha pasado secuestrado por las FARC, fue liberado ayer a los 32 años tras perder su juventud en las selvas de Colombia.
El helicóptero de las Fuerzas Armadas de Brasil que lo trasladó desde la selva llegó al aeropuerto de Florencia, en el sureño departamento de Caquetá tras un operativo exitoso que se vio ensombrecido por las inclemencias del tiempo y las fuertes lluvias que arreciaron ayer en la zona.
Inmediatamente después de bajar de la aeronave, Moncayo, quien fue secuestrado cuando tenía 19 años, se fundió en abrazos con sus padres, Gustavo Moncayo y María Estela Cabrera, para después tomar en los brazos a su hermana de cinco años que no conocía, pues nació durante su trágico secuestro.
El sargento fue recibido por otros familiares, saludó a sus hermanas, a su sobrino, a quien tampoco conocía, y volvió a abrazar a su padre, con quien elevó los brazos dejando al descubierto las cadenas que el profesor Moncayo ha llevado alrededor de su cuello y sus manos en los últimos años.
Estas cadenas han sido el símbolo de la tragedia del secuestro en Colombia y son similares a las que portó su hijo como cautivo en la selva.
Pablo Emilio, ya con 32 años y su juventud perdida, caminó por la pista del aeropuerto de Florencia y mostró aparentemente buen estado de salud, vestido con traje militar y con una gorra sobre su cabeza también perteneciente a la Fuerza Pública.
En medio de la emoción, Moncayo recibió flores blancas y un globo blanco, que rápidamente soltó y se esfumó en las alturas, como símbolo de libertad.
Moncayo recuperó la libertad por una decisión unilateral de la guerrilla, que ha dejado claro que esta es la última, ya que ahora sólo entregará secuestrados mediante un canje por rebeldes presos.
El sargento fue capturado el 21 de diciembre de 1997 cuando tenía 19 años y cumplía el servicio militar como cabo primero en una base de comunicaciones del Ejército en el cerro de Patascoy, en el sureño departamento de Nariño.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) tomaron aquella base en una acción que dejó diez muertos y 18 secuestrados, de los que 16 fueron liberados después.
Su familia no tuvo noticias hasta el 24 marzo de 1998, cuando recibió la primera prueba de vida: “fue una locura, no sabíamos si estaba vivo o muerto”, relató su padre a Efe.
En aquella carta, el soldado pidió a su familia que fuera fuerte y les relató cómo era su vida en forma de parodia: “He pasado más aventuras que Indiana Jones y si yo sacara una película, él se quedaría en pañales”.
“Hemos cruzado ríos tres veces mi estatura, hemos probado toda clase de carnes: lapa, guagua, boruga; leo revistas de National Geographic, juego ajedrez y voleibol, he aprendido a hacer hamacas y me he metido una engordada que ni cuento”, prosiguió.
El joven, que fue ascendido durante su cautiverio a sargento, pidió a su familia “no retroceder, ni rendirse jamás” y bromeó sobre la posibilidad de que su novia de entonces no le esperara.
“Este papito no se ha varado, no se vara, ni se varará nunca por falta de nenas”, les dijo, en un comentario marcado por la ironía.
Esa entereza la volvió a demostrar en una segunda prueba de vida, en marzo de 2008, que llegó a sus padres a través del Gobierno venezolano, en la que dirigió un mensaje a Ingrid Betancourt después de que ésta apareciera demacrada en un vídeo difundido por las FARC.
“Doctora ámese porque si usted se ama podrá brindar amor a los demás, solamente son fuentes de paz los que están en paz consigo mismo, solo los libres libertan”, dijo Moncayo a la ex candidata presidencial, la cual encontró la libertad meses después en una operación de rescate.

Florencia, Colombia
EFE

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