Rodolfo Piza

Rodolfo Piza

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Miércoles 26 Noviembre, 2014

Que no se nos disparen las diferencias, porque ellas las termina pagando la mayoría (que no trabaja en el sector público)


¿Qué vas a ser cuando seas grande?

“Nene, nene, ¿qué vas a ser… cuando seas grande?” se preguntaba Miguel Mateos en su conocida canción.
Según Guy Sorman (La Singularidad Francesa), muchos franceses respondían “seremos funcionarios”, para destacar que preferían ser funcionarios públicos antes que del sector privado.
Si la escogencia derivara de una vocación (por ejemplo, ser juez, bombero o policía, tareas típicamente públicas), la escogencia tendría mucho sentido: la profesión se asocia con la función pública.
Pero si la profesión puede cumplirse indistintamente en la vida pública o privada, entonces la decisión de ser funcionario público se deriva de los beneficios (remuneraciones, ascensos, estabilidad, horarios, vacaciones, pensiones, etc.), poderes y estatus de ser funcionarios.
Ser conserje, abogado, médico, secretario, mensajero, recepcionista, profesor, chofer, por ejemplo, son actividades que se pueden desarrollar, indistintamente, en lo público o en lo privado.
En la Costa Rica de hoy, parece obvio que la mayoría escogería trabajar en el sector público, porque es más conveniente que trabajar en el sector privado.
La jornada laboral tiende a ser menor, hay más vacaciones, días de asueto complementarios, la incapacidad se paga mejor (y no supone el riesgo de perder el empleo), hay estabilidad (el despido es inviable), se pagan más prestaciones, hay salario escolar (decimocuarto mes), la calificación anual será de muy buena a excelente (en un 99% de los casos); se tiene acceso a préstamos más fácilmente, hay seguridad en el ingreso; y en muchos casos, existe la posibilidad de pensionarse previamente y en mejores condiciones. Y por si fuera poco, se gana más.
Según un estudio de la Academia de Centroamérica, “Costa Rica: empleo y política salarial del sector público” (abril 2014), el diferencial de remuneraciones del sector público y del privado es generalizado en todas las categorías ocupacionales, desde directores, gerentes y profesionales, hasta operadores y ocupaciones elementales.
Para técnicos y profesionales de nivel medio, por ejemplo, la diferencia es del 35%; para trabajadores de servicios, es del 95%. El problema, además, es que la diferencia ha crecido mucho en los últimos años. Si en 2008 la diferencia de ingreso mensual promedio era del 80%, en 2013 llegó a más del doble (136%).
No se trata de reducir beneficios ni derechos a los empleados públicos, pero si queremos una sociedad más equilibrada (y equitativa), debemos evitar que esos beneficios crezcan más de lo que crece la productividad y la economía.
Que no se nos disparen las diferencias, porque ellas las termina pagando la mayoría (que no trabaja en el sector público).
 

Rodolfo E. Piza Rocafort