Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 7 Octubre, 2008

¡Qué difícil!

Pedro Oller

El viernes un grupo de nueve honorables ciudadanos costarricenses, liderados por don Guido Sáenz se presentaron ante la Sala Constitucional para buscar —a través de un recurso de amparo— suspender la construcción del nuevo Estadio Nacional.
La obra, donada por el Gobierno de la República Popular China se aprestaba a iniciar labores. El amparo, busca evitarlo. Al momento de escribir este artículo, no he podido conseguir el escrito presentado. Sin embargo, por razones personales, tuve oportunidad de conocer algunas de las justificaciones que, uno de los suscribientes me compartió cuando le manifesté mi inconformidad con la acción.
Primero, el recurso tiene una personalización que nos castiga como país. No solo por quien lidera el amparo presentado sino también porque persigue directamente al Presidente de la República.
Segundo, el recurso quiere reivindicar el Parque Metropolitano La Sabana como un espacio para la recreación y el solaz de los josefinos y de cuantos visiten ese lugar; embellecido por la siembra de árboles y otros sitios, como el lago; y, destinado para quienes no tienen acceso a clubes privados.
Tercero, concluyen que esa fue ni más ni menos la voluntad del padre Chapuí al donar los terrenos en 1783: La recreación y el solaz de los visitantes al Parque.
Como los argumentos son válidos, mas no de recibo y nos afectan a todos, me tomo el ratico para argumentar también. A pesar de la excelsa y extensa respuesta, sigo sin entender como un selecto grupo de ciudadanos se arrogó el derecho para representarnos a todos y, concluyen que la nueva edificación del Estadio atenta contra la recreación y el solaz de quienes visiten el Parque y contradice el espíritu del padre Chapuí al donar los terrenos hace solamente 225 años y que, mientras el Estadio estuvo erguido y reconstruido desde 1941 durante la administración Calderón Guardia, nunca rayó con dicho afán.
Al recurrir a la Sala se percibe adicionalmente, una finalidad en la acción. No para corregir algunas cosas, como por ejemplo la falta de estudios de impacto ambiental, los permisos municipales, los planos visados, la fuerza laboral que construirá el inmueble o, incluso, la jornada de esta. Más bien para imposibilitarla, independientemente de cómo y cuando se puedan resolver estos asuntos que son absolutamente relevantes.
Existen, al menos en la justificación, dos elementos adicionales: Que se trata de un megaestadio, apreciación absolutamente subjetiva y particular que, solo encuentra justificación respecto del anterior inmueble y de sus pares en el país: Saprissa, Alajuela, Heredia, Cartago, etc. Dicho en tico, ven muy grande el Paseo Colón. Y que, la donación de $70 millones debió tener otro destino. Suele suceder que quien regala es quien decide lo que regala. Salvo que, lejos de la especulación personalísima y subjetiva que motiva en gran medida la acción constitucional, se verifique como en otros casos de este gobierno alguna falta.
¡Cuánto cuesta hacer, por lo fácil que es deshacer en este país!