Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 15 Julio, 2011


Protestas por educación en Chile


Chile es un país que ha mostrado en las últimas décadas un crecimiento económico y una estabilidad social que ha atraído la mirada de muchos países. Sin embargo, la aspiración a convertirse en el primer país desarrollado de América Latina pasa ahora por una prueba de fuego que puede implicar importantes reformas.
En el fondo, es el clásico problema que se genera cuando el crecimiento económico no va acompañado de mayor equidad social. No es el caso solo de Chile, es el fantasma que ronda en toda América Latina.
Hace poco estuve en Santiago y pude visualizar la fuerza de los movimientos de cientos de miles de estudiantes, profesores y padres de familia.
El tema cubre la educación básica, media y superior, las cuales se rigen por normativas que fueron generadas durante la dictadura y que han sufrido pocos cambios significativos.
Las protestas van desde los problemas que ha ocasionado la municipalización de la educación básica hasta las dificultades económicas para acceder a la educación superior.
El modelo de universidades públicas en Chile era similar al que ha prevalecido en América Latina: bajos aranceles y fuerte subvención del Estado.
En el régimen de Pinochet se cortó dramáticamente la subvención estatal a las universidades, a fin de que la mayor parte de sus recursos provenga de las matrículas. Esto cambió radicalmente el modelo y ha afectado la movilidad social por décadas.
La educación superior privada se desarrolla en Chile a partir de 1981. Antes de esa fecha las universidades no públicas eran corporaciones sin fines de lucro, de gran prestigio y recibían apoyo económico del Estado.
Cuando la dictadura perdió el plebiscito, se incrementó la creación de universidades privadas, las cuales fueron iniciadas por grupos ligados al régimen y por órdenes religiosas.
La ley de 1981 facilitó la creación de universidades privadas sin fines de lucro, pero en realidad se financian con las matrículas y buscan obtener utilidades, las cuales se canalizan hacia sus dueños por mecanismos indirectos.
La educación superior privada es muy cara, pero en general de buena calidad, con excepciones que siempre provocan mucho ruido.
Las protestas actuales, entre otras cosas, denuncian el alto costo de los estudios, el enorme endeudamiento con que salen los graduados y buscan hacer transparente el factor de lucro, ya que esto ha permitido que las universidades estén exentas del pago del impuesto de renta.
En Chile el Estado subvenciona indirecta y parcialmente a las universidades públicas y privadas por medio de becas a quienes obtienen altos porcentajes en la prueba nacional de Aptitud Académica.
Sin embargo, para los que carecen de beca, los sistemas de financiamiento son muy duros. El presidente Piñera ya anunció aportes económicos fuertes para la educación, pero naturalmente debe enfrentar una realidad que se ha acumulado por décadas y las soluciones no se ven fáciles.

Arturo Jofré
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