Juan Manuel Villasuso

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Viernes 15 Febrero, 2008

Dialéctica
Privilegian la reactivación en Estados Unidos

Juan Manuel Villasuso

Contrario a la orientación del Banco Central de Costa Rica, que ha centrado su política monetaria y cambiaria buscando únicamente alcanzar metas de estabilidad de precios, aunque sin mucha fortuna, la Reserva Federal de Estados Unidos enfrenta la crisis inmobiliaria y la amenaza recesiva que vive ese país con políticas dirigidas a la reactivación económica sin preocuparse mucho por la inflación.
A pesar de que en 2007 los precios al consumidor en Estados Unidos aumentaron un 4,1%, el mayor incremento desde 1990, y que el índice de precio al productor subió un 6,3%, la inflación mayorista más elevada en 26 años, combatir ese flagelo no es la prioridad de la Fed.


Para contener el alza de precios el Banco de Reserva debió haber adoptado medidas restrictivas, como el aumento de las tasas de interés, a fin de contener el consumo, el crédito y la inversión, es decir, restringir la demanda agregada.
Sin embargo, las acciones tomadas en las últimas semanas han sido precisamente lo contrario. Desde mediados de setiembre de 2007 hasta la fecha la Fed ha hecho tres recortes en los intereses, que han caído del 5,25% al 3,50%; y se estima que continuarán bajando.
Este proceder de las autoridades monetarias evidencia que su principal preocupación no es la inflación, sino la producción y el crecimiento de la economía. Ante las señales inminentes de recesión, que conlleva contracción de los mercados, caída del producto y aumento del desempleo, Ben Bernanke, jerarca de la Reserva Federal, optó por la reactivación y no por la estabilidad. Su antecesor, Alan Greenspan, hizo lo mismo en otras ocasiones.
Pero no solo en materia monetaria la política económica estadounidense privilegia el crecimiento sobre la estabilidad y busca reanimar el aparato productivo por la vía del consumo. El Congreso norteamericano aprobó la semana pasada un plan de estímulo a la economía que permitirá inyectarle $168 mil millones para evitar que entre en recesión.
El plan prevé la devolución de impuestos a 130 millones de familias. La mayoría de los contribuyentes recibirán entre $300 y $1.200. La legislación también contempla exenciones tributarias para incentivar a las empresas. “Si dejamos que los estadounidenses se queden con algo del dinero de los impuestos eso hará que aumente el consumo”, dijo el presidente Bush.
Por su parte, el déficit federal para 2008 ascenderá a $219 mil millones, muy por encima de los $162 mil millones del año pasado, según la Oficina Presupuestaria del Congreso. Eso significa que el déficit proyectado alcanzará el 1,5% del PIB en lugar del 1,2 % de 2007.
Estas políticas, de corte keynesiano, buscan alentar el consumo, la inversión y el gasto público, es decir, tres componentes esenciales de la demanda agregada, con el propósito de dinamizar el ciclo económico y estimular la oferta. A estos elementos se suma la debilidad del dólar que abarata las exportaciones estadounidenses.
La efectividad de las medidas está por verse; sin embargo, una vez más queda constancia de que Estados Unidos, al igual que otras naciones, cuando tienen que escoger entre crecimiento y estabilidad deciden de manera categórica: prefieren estimular la producción y el empleo aunque eso afecte los equilibrios macroeconómicos.
Esa es una importante lección para quienes dirigen y han dirigido la política económica costarricense en los últimos años, que no comparten esas prioridades.