Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 17 Noviembre, 2009


Presiones debidas


Ha iniciado el Gobierno de la República su último periplo, de ocho meses y que les tiene llenos de desconcertación frente al poco tiempo y a la campaña política.
Hace rato, que la Administración Arias no propone sino que supone. A lo interno y en Honduras, da igual, todos en el mismo saco. Suerte del 'portami en fase evolutiva, frente a las críticas de la oposición y a las denuncias de la prensa.
Las suposiciones, decía Borges refiriéndose a Ch.S. Pierce que una sospecha deviene en virtud de suposición, en abducción: ni deducción ni inducción, la hipótesis es un rapto de la razón, una suposición que vale durante poco tiempo, una certeza que no se prolonga mucho más que la claridad del relámpago. Como el horizonte siempre en fuga, una hipótesis es desplazada por otra hipótesis que la deja rezagada para quedarse a su vez superada por una nueva hipótesis, y así sucesivamente: cada época, cada crítico, cada lector supone. ¿Cada gobierno?
Sabidos de la lección, a pena del PUSC, la administración Arias ha hecho de la sentencia de Pierce un dogma.
Han desestimado, desde el Ejecutivo sus responsabilidades frente a obligaciones conferidas en virtud del cargo y han hecho caso omiso de lo evidente. Incluso, a pesar de que el 8 de mayo de 2006 marcaron como derroteros un Gobierno apegado a la ética y una administración eficiente de los recursos. Ninguno de los dos paradigmas se cumple hoy de cara a los hechos acaecidos.
La administración Arias, ha entendido del abuso, hacer un cromo. Sin importar, las implicaciones legales que les competen porque, en definitiva, y más allá del cuestionamiento periodístico, han manejado bien las encuestas y a los poderes encargados de establecer responsabilidades, incluso jurídicas. Ahí su éxito.
Solo así puede uno explicarse las notas sobresalientes a pesar de —entre otros — el tema de las asesorías (pleno de cuestionamiento, así no de penitencia), como bien ha dicho la Contraloría, de los bonos de inversión en sepa Dios, temas ambientales decretados por avasallamiento, uso de avionetas para mandados personales, proclividad a los intereses personales antes que los institucionales, un Gobierno en resumen, con carta blanca para hacer y deshacer sin mayor supervisión, menos regulación o imputación.
Habremos de esperar que la pasividad no sea la vía al desenlace. No debe serlo, porque la tolerancia política es excepción y no una norma frente a un país que políticamente ha evolucionado más allá de lo que nos damos crédito.
Lección para todos en este epílogo.
Para los de gobierno que esperan una continuidad en este turno a partir de su riñón. Uso sus mismas palabras atribuidas al Nobel: “Nos ha costado tanto tiempo entender que nadie va a traernos un mayor desarrollo en bandeja de plata. Somos nosotros, y nadie más.”
Y, para quienes en quimera viven el periplo electoral, a fin de que pongan barbas en remojo y no se dejen absorber por la ilusoria percepción de la impunidad, hay que votar.
Gracias a Dios, todos somos contables y responsables por nuestros actos en esta nueva Costa Rica.