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COLUMNISTAS


PISA nos deja en cueros

Miguel Angel Rodríguez marodrige@gmail.com | Lunes 18 diciembre, 2023


Cuando en este medio comenté la anterior evaluación PISA de nuestra educación el titular de mi artículo fue “Otra vez PISA desnuda nuestra educación” (La República 16 de diciembre de 2019). Hoy debo recurrir a un encabezamiento más llamativo porque 4 años después el deterioro se agrava.

En resumen, resulta que desde nuestra primera participación en estas evaluaciones de nuestro sistema educativo los resultados fueron muy insatisfactorios, que en las siguientes hemos sido constantes en empeorar, y que en esta última somos de los países que más han retrocedido.

Esta medición no es una simple curiosidad científica. Es la constatación de que para nuestros jóvenes que se educan, ese proceso tiene cada vez menor valor como instrumento que les abra oportunidades de progresar.

PISA es un programa de OCDE que mide la habilidad de estudiantes de 15 años para aplicar conocimientos de un campo determinado a problemas de la vida real. PISA dio inicio para lectura en el año 2000, en 2003 incluyó matemáticas y finalmente incorporó ciencia en 2006. Costa Rica se unió a las naciones en que se realiza el estudio con datos de 2009 que se agregaron poco después de la publicación del informe de ese período, y participamos en 2012, 2015 y 2018. En 2021 debido a la covid-19 se pospuso la realización de la prueba para 2022.

Estos últimos resultados han sido publicados este 5 de diciembre. Participaron unos 700.000 estudiantes de 81 países y -como era de esperar por los efectos de la pandemia provocando cierre de escuelas y colegios- en el promedio y en la mayoría de las naciones se manifiesta un retroceso en los niveles de habilidad alcanzados. Pero no es solo consecuencia de la pandemia. También desdichadamente es en parte continuación de una tendencia al deterioro que en muchos países viene dándose desde antes de la covid-19.

Las evaluaciones del año pasado recién publicadas nos indican que en los 81 países participantes se da una disminución del promedio de largo plazo de 7 puntos porcentuales (p.p.) en matemáticas, de 4 en lectura y de 7 en ciencia. Para Costa Rica la disminución es mucho mayor en todos los campos pues es de 10 p.p. más que para el conjunto en matemáticas, de 17 p.p. en lectura y de 9 p.p. en ciencia.

Si en lugar de comparar la caída de Costa Rica con respecto al promedio de todas las naciones estudiadas en sus resultados de 2022 respecto al promedio de largo plazo lo hacemos para el período 2022 respecto a la anterior medición de 2018, las diferencias en nuestra contra son menores. En este caso en matemáticas tuvimos una caída mayor de 3 p.p., en lectura de 1 p.p. y en ciencia de 3 p.p.

Sabemos que la pandemia tuvo un alto costo para el aprendizaje de nuestros estudiantes. Ya había sido grave el “apagón educativo” generado por las huelgas de 2018 y 2019. Luego con la covid-19 se dio la suspensión casi durante todo el curso lectivo de 2020 de las clases presenciales. La suspensión de clases en nuestro país fue una de las más prolongadas en América Latina y en conjunto con las huelgas significa que los estudiantes han perdido de 2018 a 2020 en promedio el equivalente a un 86% de un curso lectivo. En 2021 inexplicablemente si se compara con las practicas escolares en otros países, se dio una muy baja presencialidad de los estudiantes en las aulas. Según la encuesta de hogares de ese año la asistencia a clases presenciales fue en promedio de 9,1 días por mes, o sea solo un 43% del tiempo. Además, nada más un 58,2% de los estudiantes indica que asistió a clases presenciales. Es fácil concluir que los estudiantes con la pandemia y las huelgas entre 2018 y 2021 perdieron el equivalente a más de un año completo de clases.

¡Y sin embargo tuvimos mayor pérdida en los resultados de PISA respecto a las demás naciones evaluadas en la comparación de 2022 con el promedio de los años anteriores, que durante ese período 2018-2022 de graves limitaciones para impartir lecciones!

¡Qué grande y pronunciado es el deterioro que en este siglo ha venido experimentando nuestro sistema educativo!

Lo grave es que ese deterioro disminuye la capacidad de nuestro sistema educativo para crear las habilidades que el siglo XXI de¬manda. Esto se refleja en que un 38,1% de nuestros jóvenes de 15 años tienen rendimientos muy bajos en las tres áreas, sea que no alcanzan el nivel para desempeño mínimo en las sociedades actuales en el uso cotidiano de matemáticas, lectura y ciencia. Para hacer una comparación, en los países de OCDE este grupo es de 16,4%, es decir nosotros tenemos dos veces y un tercio más estudiantes en esas pobres condiciones de aprendizaje.

En el otro extremo, mientras en el promedio de los países de OCDE un 14% de los quinceañeros que estu¬dian alcanzan los niveles más altos de habilidad (nive¬les 6 y 7) en al menos una de las tres materias (lectura, matemáticas y ciencia) entre nosotros apenas un 1% lo logra. Nuestros pobres resultados no se dan solo porque muchos alumnos no alcanzan los niveles mínimos, sino también porque muy pocos son excelentes.

Ciertamente en muchos países se nota un retroceso durante este siglo. Pero ese deterioro de la educación no es invencible. Cuatro países o economías durante este período han mejorado sus resultados en las tres materias: Colombia, Macao (China), Perú y Qatar. Veamos que todos son países de desarrollo medio y que incluyen dos latinoamericanos. Son un ejemplo de que se puede hacer. En épocas pasadas en Costa Rica lo hemos hecho.

Frente a la urgencia de abatir la pobreza, mejorar los ingresos de las familias de ingresos medios, generar empleos formales para mujeres, jóvenes y personas con menos formación y mejorar la eficiencia es imprescindible que las personas puedan tener oportunidades para progresar. La historia, los conocimientos, y nuestra experiencia nacional nos indican que para ello es imprescindible una buena educación.

Esta última evaluación de PISA debe hacernos reaccionar y dedicar los mejores esfuerzos a terminar de universalizar la educación secundaria y a mejorar su capacidad de formar a los jóvenes con las habilidades necesarias para crear y aprovechar las oportunidades de progresar.

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