Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 7 Febrero, 2009

ELOGIOS
Pigmalión

Leopoldo Barrionuevo

Pigmalión es un personaje de la mitología greco-chiprense y era un escultor que perdió la cabeza por Galatea, una mujer que había esculpido a la que él trataba como si ella viviera. Algunos autores lo sitúan como rey de Chipre y lo cierto es que se enamoró de su obra, pidiendo en sus sueños a Astarté (Afrodita) que le diera vida. La diosa complació a Pigmalión y llegó a nuestros días como para inspirar a Bernard Shaw en su obra teatral de 1913 “Pigmalión” y a las versiones cinematográficas que representan al profesor Higgins como émulo de Pigmalión y a Elisa Doolitle como Galatea (“Pigmalión” de Asquit-Howard, 1938 y “My fair lady, de George Cukor, 1964).
Lo que se denomina “Efecto Pigmalión” es una teoría que además de referirse al hecho de que el hombre se enamora de su obra se aplica en educación, tanto en escuelas como en empresas: 1. El modo en que los maestros traten a sus alumnos determina expectativas que tienden a cumplirse; 2. Lo mismo ocurre con los padres con respecto a los hijos; 3. El empleado tiende a comportarse según el trato de su jefe; 4. Igualmente sucede con las parejas; 5. Es también el resultado del cambio positivo que se obtiene al alcanzar logros cuando uno se habla a sí mismo y alcanza la autoconfianza; 6. Inversamente, cuando a un hijo, un alumno o un empleado lo menospreciamos, criticamos y hasta humillamos, tiende a cumplir con las expectativas; 7. Si creamos una fuerte y sostenida espera de que algo sucederá, ha de ocurrir, en especial si es negativo.
Es lo que se denomina profecía autocumplida y es lo que sucedió cuando se creó hace unos años el rumor de que el BAC en San José estaba en quiebra: largas colas de clientes fueron a retirar sus depósitos y pusieron en graves aprietos a sus propietarios. Pero en 1929 sucedió tras una década de derroche y crisis: la situación económica era tensa en Estados Unidos y alguien comenzó el rumor de que un banco iba a quebrar, empezaron las corridas para retirar el dinero de los depósitos y a poco toda la gente hacía largas filas en todos los bancos que viven del dinero colocado y no de la liquidez para todos los clientes.
Los bancos quebraron. La profecía se autocumplió y llegaron los años del hambre, la pobreza, el New Deal y la Segunda Guerra Mundial. En Alemania, cuando un dólar valía millones de marcos y cambiaba la cotización todo el tiempo, llegó el salvador de la patria y Hitler advino al poder hasta llegar al Holocausto.
Ahora estamos igual: nadie sabe qué es la crisis hasta dónde se expandirá y cuánto durará. Pero desde CNN en adelante, todo el mundo habla de ella y las empresas proceden a recortar sus presupuestos y a resistir no se sabe qué y en un país como este en que siempre hemos vivido en crisis, ya deberíamos ser expertos en ella como para darnos cuenta que nosotros mismos estamos produciendo el Efecto Pigmalión sin ser juguetes de La Tempestad shakespearena. Ya los principales inversores recortaron sus presupuestos de publicidad en medios para este año que ha de ser excepcional para los que decidan salir al frente en lugar de abroquelarse. Es decir, los mismos medios están creando las condiciones para que la crisis sea mayor y produzca pánico y en consecuencia, frene las compras que dan vuelo a la economía y producen empleo; ya lo dijo Lenín: “el día que colguemos a los capitalistas se van a pelear para ver quién vende la soga”.
Lo que pase será producto de nuestra estupidez en escuchar a tantos falsos profetas y todos los genios que roban cámara para explicar la crisis, al cabo de ella intentarán explicar qué sucedió aunque estén más perdidos que el chiquito de La Llorona. Esta es mi predicción sobre el Efecto Pigmalión: pónganse a trabajar, a innovar, a crear ventajas competitivas y acaben con esta jodedera.

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