Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 13 Septiembre, 2013

La humanidad está saturada de armas, hasta el punto de que un conflicto regional puede llevar a una conflagración apocalíptica


Perspectivas de paz

No niego que soy un inveterado optimista crítico. Siempre he creído que el componente más importante de toda acción política que pretenda hacernos más humanos es su dimensión utópica, es decir, su capacidad real de construir un futuro mejor. Por eso espero que la aceptación por parte de la mayor potencia militar de las historia encabezada hoy por Barack Obama, de buscar una salida diplomática al conflicto sirio, pueda convertirse en el punto de partida para buscar una salida civilizada, no solo a ese conflicto, sino al estado ininterrumpido de guerra que, desde las Cruzadas hace un milenio, Occidente se ha empecinado en imponer a los pueblos musulmanes.
Se ha querido ver en esa brutal agresividad occidental una guerra de religión (Bush). Pero bien sabemos que la verdadera causa de esa infamia ancestral no es más que la insaciable voracidad de Occidente por el petróleo, para lo cual necesita mantener el control geopolítico del Mediterráneo.
La cacareada defensa de la democracia y de los derechos humanos, no es más que demagogia. Nunca Occidente se ha preocupado por eso. Su pasado colonial lo delata lo mismo que su apoyo actual a las satrapías feudales de la Península Arábiga y sus petrodólares.
Si Occidente quiere la democracia en esa convulsa y nada democrática región, debe comenzar por denunciar a la feudal monarquía saudí, la mayor instigadora de la agresión a los países que quieren defender su autonomía nacional. Después tendrá moral para exigirle a Siria la instauración de prácticas e instituciones democráticas.
Pero el ideal sería que aquellos hombres y mujeres a quienes no animan intereses inconfesables, vengan de donde vengan, unan su voz a la del Papa Francisco exigiendo no solo el fin del conflicto sirio, sino la paz como el bien supremo de la humanidad.
Para ello se debe continuar con la presión a fin de que la diplomacia sirva para algo más que para ponerles maquillaje a los intereses de las grandes potencias. La diplomacia debe servir para crear las condiciones que hagan factible un ambiente de negociaciones sin amenazas ni chantajes. Bajo estas premisas, hay que aplaudir la iniciativa del Kremlin, que a regañadientes ha aceptado Washington.
Pero hay que ir más lejos. No solo se debe exigir el control internacional del arsenal de armas químicas de Damasco, sino de todos los gobiernos de esa región tradicionalmente convulsa. Ese sería el primer paso para que Naciones Unidas ejerzan el control de todas las armas de destrucción masiva como paso indispensable para lograr una paz duradera.
Es indispensable dotar de un poder real a las Naciones Unidas que la provea de la capacidad para ejecutar las resoluciones de la Asamblea General que abran perspectivas de una paz universal, justa y duradera. La humanidad está saturada de armas, hasta el punto de que un conflicto regional puede llevar a una conflagración apocalíptica que amenace la sobrevivencia misma de nuestra especie. Es indispensable que los pueblos del mundo entero levanten su voz para que la paloma de la paz pueda volar en un cielo azul como la esperanza y bajo un sol radiante de una democracia real, de modo que sea la aurora del día en que se inicie, no solo la primavera en el mundo árabe, sino de todo el planeta.


Arnoldo Mora