Nuria Marín

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Lunes 29 Diciembre, 2008

Creciendo [email protected]
Pequeños emperadores

Nuria Marín Raventós

En 1979 la República Popular China restringió el número de descendientes en algunos casos a niveles tan bajos como uno por familia y en casos de permitir un segundo descendiente exigiendo un distanciamiento mínimo entre ambos (3-4 años). El resultado, una generación de hijos e hijas únicos conocidos como los “pequeños emperadores.”
Independientemente del cuestionable tema de derechos humanos, la decisión tiene variadas consecuencias. Entre las obvias, la disminución del crecimiento de la población al decrecer la tasa de fertilidad a 1,7%. Vale mencionar, que la mayor reducción, de 5,9 a 2,9%, ocurrió antes de esta política (1970-1979).
La menor natalidad y mayor expectativa de vida incide en el envejecimiento poblacional. Mientras que en 1982 la población mayor a 65 años era el 5%, se calcula que para 2025 será del 15%. Esto presenta retos especialmente para un país con deficientes sistemas de pensión, en la que abuelos/padres dependerán de su único hijo/a (fenómeno 4-2-1). Como respuesta, el Estado ha tratado de mejorar el sistema de pensiones y el ahorro familiar se ha incrementado.
Quizá una de las más crueles consecuencias de la política ha sido la cara e “invisible” factura pagada por millones de mujeres. Para una sociedad que históricamente privilegia a los varones, la restricción se tradujo en prácticas como el aborto, el infanticidio, el abandono o entrega en adopción de mujeres o mayor mortalidad en el parto, al desistir las madres a la atención médica para ocultar su embarazo.
Esta realidad la desnuda el crecimiento del ratio entre sexos, (proporción entre nacimientos de hombres y mujeres al nacer) de 1,06 en 1979 a 1,17 en la presente década, que incluso llega a 1,3 cuando se trata de una segunda hija o entra en juego el componente urbano o rural.
Positivamente, la menor carga en responsabilidades maternales ha permitido a las mujeres mejorar su desempeño en el ámbito laboral mejorando su autoestima y realización personal. Esta situación paradójicamente cambiará cuando socialmente se les responsabilice del cuido de sus ascendientes en la vejez.
Esta será una dura responsabilidad (sin distingos de género) para quienes crecieron como “emperadores”, contando con la devoción de padres y abuelos quienes no escatimaron en brindarles oportunidades, generación acostumbrada a ser el centro de atención y sobre la cual se centran altísimas expectativas.
Independientemente del tema social de nuestro segundo socio comercial, el fenómeno de envejecimiento de la población representa una atractiva oportunidad para nuestros exportadores, nicho creciente en otros de nuestros principales mercados, como lo son la Unión Europea y los Estados Unidos.

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