Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 24 Octubre, 2013

Nuestro escenario político es una verdadera olla de carne. Pero olla de carne no pueden ni deben ser los partidos


De cal y de arena

Partidos y credibilidad partida

Partidos diezmados cualitativa y cuantitativamente; sin liderazgos políticos; sin el respaldo caudaloso y determinante del electorado; sin el endoso de figuras descollantes en el quehacer político, empresarial y sindical del país; unos con expedientes en el Ministerio Público; partidos apostando —sin decirlo— a ser “el menos malo”.
Este es el cuadro que rodea la convocatoria a los ciudadanos para las elecciones del 2 de febrero, una confirmación indiscutible de que la calidad de nuestra democracia padece de un proceso degenerativo de peligrosos efectos para las instituciones que sustentan el régimen. Muchos partidos, muchísimos candidatos, escasas propuestas con poder convincente a la hora de precisar las principales tareas a emprender para sacar al país del atolladero en que está y —sobre todo— al explicar cómo hacerlo.
Nada contribuye a hacer luz al respecto; más bien las papeletas confirman que no están todos los que son ni son todos los que están. Del grupo de partidos con opción a recibir más del 5% de los sufragios, solo el Frente Amplio muestra homogeneidad en figuras y plataforma de acción para un gobierno.
En Liberación Nacional como en Acción Ciudadana y Unidad Social Cristiana lo que hay es un menjurje del carajo, una verdadera “olla de carne” con toda la pinta de una trampa para hacer caer a los ingenuos en la creencia de que se van a atacar con solvencia los problemas de pobreza, empleo, equidad, educación y ética pero sin decir cómo ni con quiénes.
Algo imposible en tanto los verdaderos detentadores del poder —la oligarquía que retiene bajo su control las claves de la política nacional— no permitan nada que ponga en riesgo su coto de caza esmeradamente construido a partir de 1982.
El “soberano”, y particularmente la gran masa de votantes con edad inferior a los 30 años, se da cuenta de ello y por eso mezquina sus avales. Ningún pronóstico serio y confiable puede hoy decir que la elección se definirá el mismo 2 de febrero de 2014.
Reina la incoherencia en las papeletas no más ver vicepresidencias y diputaciones. Silvia Lara está donde debería estar Ana Helena Chacón; y ésta donde debería estar aquélla. Luis G. Solís confiesa restricciones a su independencia al rodearse de los “cancerberos del paquismo”, Ottón y Epsy.
El primero, advirtió el entuerto ideológico y ético mas recibió el portazo de la indomable neoliberal que le hizo “la seña del mudo”. En el aquelarre que denunció el fallido y descarriado candidato Hernández Gómez todo presagia la confirmación de una muerte política anunciada ahí en el partido desenraizado.
No faltan los estultos que hablan de Piza como el candidato mariachi. Nuestro escenario político es una verdadera olla de carne. Pero olla de carne no pueden ni deben ser los partidos.
 

Álvaro Madrigal