Pandemia silenciosa: resistencia antimicrobiana cobra 700 mil vidas al año, advierte la OMS
Este fenómeno compromete la efectividad de tratamientos contra enfermedades crónicas, como la diabetes, la artritis reumatoide y el cáncer: entre o...
La resistencia a los antibióticos se ha convertido en una de las mayores amenazas para la salud pública mundial. Este fenómeno, también catalogado como una “pandemia silenciosa”, representa un desafío creciente que pone en riesgo, no solo la salud de las personas, sino también los avances médicos.
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"Nos enfrentamos a un enemigo invisible que no conoce fronteras y que compromete nuestra capacidad para tratar infecciones que antes eran manejables", así lo afirma Monique Baudrit, directora médica de Pfizer Centro América y Caribe.
Las bacterias resistentes a los antibióticos surgen debido a mutaciones que les permiten sobrevivir a los tratamientos que tradicionalmente las eliminaban. “Estas cepas resistentes son capaces de desarrollar mecanismos que neutralizan los efectos de los medicamentos, lo que representa un reto gigantesco para la medicina moderna", explica Baudrit.
El impacto de la resistencia antimicrobiana es grande, ya que compromete procedimientos médicos rutinarios, incrementando los costos de atención y prolongando las estancias hospitalarias. También puede complicar la efectividad de los tratamientos contra enfermedades crónicas, como la diabetes, la artritis reumatoide y el cáncer.
De hecho, la resistencia a los antimicrobianos es una de las 10 principales amenazas de salud pública a las que se enfrenta la humanidad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
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También advierte que infecciones provocadas por esta resistencia aumentan la morbilidad y la mortalidad, y podría causar 10 millones de muertes cada año para el 2050 si no se toman medidas urgentes; así como dejar pérdidas económicas que superarían los 100 billones de dólares.
Además, podría forzar a hasta 24 millones de personas a la pobreza extrema al 2030, principalmente debido a los costos de salud y la pérdida de productividad laboral.
A esta realidad se suman factores ya conocidos como la disminución en el desarrollo de nuevos antibióticos y el uso indebido de los existentes, ya que ambos agravan el problema.
“El uso excesivo y la administración inapropiada de antibióticos, tanto en medicina humana como en la agroindustria, han acelerado la propagación de la resistencia. La práctica de prescribir antibióticos para enfermedades virales, donde no son efectivos, y la interrupción prematura de los tratamientos antibióticos contribuyen significativamente a este fenómeno”, detalla Baudrit.
En este sentido la educación y la concientización son una prioridad que debe ser vinculante a todas las personas, no solamente a los profesionales de la salud. Esto sin dejar de lado el papel fundamental que tiene una buena higiene personal, con prácticas comunes como un buen lavado de manos, que previenen la propagación de bacterias.
“La resistencia antomicrobiana es un desafío complejo que necesita una respuesta global y local coordinada. Debemos aumentar la conciencia sobre este problema y trabajar juntos para implementar estrategias efectivas que aseguren la eficacia de los antibióticos para futuras generaciones", concluyó Baudrit.