Rodolfo Piza

Rodolfo Piza

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Miércoles 13 Mayo, 2015

Oportunidad o riesgo de una cohabitación


En un sistema parlamentario, la supervivencia del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo depende de la confianza mutua: el Ejecutivo solo puede serlo si cuenta con el apoyo de una mayoría del parlamento y la supervivencia del parlamento depende de su capacidad para conformar un gobierno estable, pues si no pueden nombrar Jefe de Gobierno, el Jefe de Estado (que es distinto al “jefe de gobierno”) convocaría a elecciones legislativas anticipadas.
En el presidencialismo, en cambio, la supervivencia del Ejecutivo y del Legislativo no depende de la confianza mutua: pueden incluso convivir enfrentados.


Ni el Legislativo puede destituir al Ejecutivo, ni el Ejecutivo puede disolver el Parlamento. Hay un Jefe de Estado electo directamente por el pueblo, por un periodo determinado, que es, a su vez, el Jefe del Gobierno, aunque esa “jefatura” sea obviamente limitada (no puede legislar, ni juzgar, ni contradecir la Ley).
Lo que sucedió el primero de mayo pasado, por tanto, es propio del presidencialismo. Solo en este es posible imaginar un Directorio Legislativo de partidos que no apoyan al Poder Ejecutivo. En un sistema parlamentario ello sería imposible. En el presidencialismo, en cambio, el mandato presidencial no depende de la mayoría en la Asamblea y el Directorio Legislativo no depende del Presidente.
En Costa Rica, en diversas ocasiones (1958-62, 1966-70, 2011-12), el Presidente Legislativo no perteneció al partido del Gobierno. A eso algunos le llaman cohabitación, pero ella no tiene nada que ver con la llamada “cohabitación” en Francia, la cual ocurre cuando el Primer Ministro (Jefe de Gobierno) y el resto de los Ministros, pertenecen a un partido distinto al del Presidente de la República (Jefe de Estado). En Estados Unidos, en México, en Costa Rica y en muchos países presidencialistas de la América Latina, por ejemplo, el Gobierno no cuenta con mayoría parlamentaria. ¿Qué es dable esperar en las actuales condiciones?:
1) No caer en un optimismo ingenuo, ni en un pesimismo asustadizo: no todos los problemas se pueden curar con leyes, pero tampoco se puede renunciar a legislar en beneficio del país (una legislación prudente y progresista sí que puede ayudar a resolver trabas, injusticias e iniquidades).
2) Según se mire, puede ser una oportunidad o un riesgo. Una oportunidad para encontrar acuerdos y avanzar en la solución de problemas, al asumir responsabilidades ambas partes: si las cosas van mal en el país, el pueblo repartirá culpas por igual al no entender cuál parte es responsabilidad de cada quien (del Gobierno o de la Asamblea). Si las cosas van bien, por el contrario, ambas partes podrán sacar pecho y presumir sus logros. El riesgo, obviamente, es que nos olvidemos de esa ecuación esencial y creamos que se trata de evadir responsabilidades. La política supone asumir responsabilidades, no evadirlas.

Rodolfo E. Piza Rocafort