Rodolfo Piza

Rodolfo Piza

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Miércoles 18 Febrero, 2015

Necesitamos la reforma política y del Reglamento Legislativo, para propiciar el diálogo y desincentivar la inanición


“No es esto, no es esto”

Por causa del modelo presidencialista, quizás, nuestro parlamento se acostumbró a que la agenda del país —incluida la legislativa— la proponía el Ejecutivo y que a las demás fracciones lo que les correspondía era apoyarla o combatirla, pero sin posibilidad de proponer agendas alternativas, por la inviabilidad siquiera de discutirlas en profundidad, gracias a un procedimiento legislativo obsoleto que dificulta en grado extremo el debate de fondo sobre los grandes proyectos.
De ahí que no resulta extraño que al iniciar la primera legislatura, los nuevos diputados asumen con gran optimismo, que con su llegada todo habrá de cambiar, que los vicios del pasado quedarán atrás y que una nueva luz alumbrará el camino legislativo. Al poco tiempo, se percatan de que el diseño institucional (incluido el Reglamento Legislativo), prohíja el filibusterismo y la intrascendencia.
Lo malo es que a casi nueve meses del gobierno, no vislumbramos esa agenda integral del Ejecutivo. Los costarricenses, sin embargo, queremos ver esa gran agenda, donde podamos discutir los problemas más acuciantes del país: qué podemos hacer para impulsar las fuentes de trabajo decente, la flexibilidad laboral y la seguridad ciudadana. Cómo despegamos de la mediocridad educativa y mejoramos la escolaridad. Cómo luchamos contra las listas de espera de salud y la humanizamos más. Cómo enfrentamos el letargo judicial y el hacinamiento de nuestros centros penitenciarios. Cómo logramos que el país crezca económicamente y disminuya la pobreza. Cómo atendemos los cuellos de botella en las carreteras e incentivamos nuestro cine y nuestra cultura. En todos estos campos, una legislación inteligente podría ayudarnos a salir de la mediocridad que nos paraliza.
En Europa y en los sistemas parlamentarios, el control político se ejerce frente al Ejecutivo, durante la comparecencia del Primer Ministro y algunos miembros del Gabinete, uno o dos días al mes. El resto del tiempo, a trabajar con posibilidades reales de resolver los temas. En Estados Unidos, el control político se ejerce en Comisión. En el plenario y en las demás Comisiones, a trabajar y con mecanismos que permiten tomar decisiones en plazos razonables.
En Costa Rica, se dedica más de la mitad del tiempo del Plenario legislativo al llamado “control político”. Esto me recuerda que José Ortega y Gassett, diputado en la II República española en 1931, exclamaba con angustia “¡No es esto, no esto!”, al observar la dificultad para que el Congreso lograse centrarse en los temas sustanciales.
Necesitamos la reforma política y del Reglamento Legislativo, para propiciar el diálogo y desincentivar la inanición. Permitir la discusión sobre los grandes temas nacionales y los proyectos de ley trascendentales. Exigir que unos tres proyectos del Ejecutivo, y uno por cada fracción legislativa, puedan y deban votarse en un plazo expedito (3 o 4 meses). Que no se abuse del Plenario y que el filibusterismo parlamentario no rinda sus frutos (que el uso de la palabra, por ejemplo, no dependa del número de mociones presentadas). Que el Congreso, en suma, tenga las herramientas apropiadas para poder acometer los grandes retos nacionales.
 

Rodolfo E. Piza Rocafort