David Gutierrez

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Lunes 13 Diciembre, 2010


¿Necesitamos tantas alcaldías?


El territorio costarricense está conformado por siete provincias, 81 cantones y 463 distritos. Hay una alcaldía por cantón, lo que significa que contamos con 81 alcaldes.
Desde hace varias décadas se inició un movimiento a favor de la descentralización del Estado, y de hecho, el comienzo de este proceso es uno de los más recientes en América Latina.
En la década de 1990 se otorgó a los gobiernos locales una base legal para obtener ingresos propios, con importante legislación para la revitalización municipal, como la “Ley del impuesto sobre bienes inmuebles” de 1995 y el Código Municipal de 1998.
Antes de estas reformas, y a lo largo de su historia, Costa Rica siempre fue un Estado con un modelo de desarrollo bastante centralizado.
Con estos antecedentes, tenemos que los procesos para elegir alcaldes en forma directa se iniciaron a partir de 2002.
La recién finalizada elección de alcaldes arrojó un abstencionismo del 72% del padrón electoral. Una cifra realmente impresionante en términos negativos. La pregunta obligada es: ¿por qué tantas personas faltaron a esta cita con la democracia?
Para responder existen varias teorías. La primera es que los costarricenses no otorgamos la importancia debida a las municipalidades. Esto se puede atribuir a que a lo largo de la historia, la mayoría de dirigentes municipales han carecido de un liderazgo político. Más grave aún, algunos de ellos han terminado privados de libertad por serios actos de corrupción, como la aceptación de pagos indebidos o el incumplimiento de deberes.
Además, históricamente, el papel de la municipalidad está supeditado a la asignación efectiva de recursos por parte del Poder Ejecutivo, cosa que no siempre ocurre, y si se da no es en términos de igualdad.
Finalmente, muchas personas consideran que las municipalidades tienen un rol de mucha menor importancia que las instituciones del Poder Ejecutivo.
La segunda teoría puede ser la insatisfacción de los habitantes con el servicio que reciben de su gobierno local. En este sentido, en el más reciente escalafón de la Contraloría General de la República, que solamente mide la gestión financiera y presupuestaria de los gobiernos locales, aparecen muy bien clasificadas las municipalidades de Belén, Santa Ana, Garabito y Escazú; mientras que las de Tibás, Peñas Blancas, Turrubares, Guácimo y Coto Brus aparecen como las peores. Aunque obviamente, en los cantones que tienen más inversión, hay más recursos. ¿Por qué entonces, a veces es la misma acción del gobierno local la que impide la inversión? Un buen ejemplo de ellos: la marina de playa Flamingo.
Considerando lo anterior, ¿serán necesarias tantas alcaldías en un país de 51.100 kilómetros cuadrados? En algunos cantones, sobre todo los alejados, parecen tener mucho sentido sobre todo por el conocimiento que el alcalde tiene de la comunidad. Pero muchos de los cantones del Valle Central han crecido tanto que ya forman una sola unidad, y pareciera poco práctico contar con fronteras cantonales, existentes solamente en papel. Ejemplos: Goicoechea con Moravia, Santa Ana con Escazú, y otros.
¿Tiene Costa Rica la cantidad de líderes políticos para abastecer los 81 cantones? Con base en los escasos logros, regular gestión y mal liderazgo, parece que no.
¿Cuáles son las funciones y los resultados que los residentes del cantón esperan de su gobierno local? No debemos confundir los servicios descentralizados, que son cada vez más gracias a la tecnología como la gestión de cédulas y certificaciones del Registro Civil con una menor centralización administrativa, que se debería encargar de temas como seguridad, infraestructura, cultura y deporte.
Con este panorama, pareciera ser mejor contar con menos alcaldías, con mayores recursos y mejores líderes, que contar con las actuales 81, que mayoritariamente hacen una labor irrelevante. Eso lo confirma el 72% de los electores que se abstuvo de votar.

David Gutiérrez