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Sábado 10 Enero, 2009

Muy pronto veremos la luz de un nuevo día

Oscar Arias Sánchez
Presidente de la República

Lleno de dolor me dirijo a ustedes en estos días de luto para el pueblo de Costa Rica. El terremoto que sacudió a nuestro país en la tarde del jueves, y que cobró la vida de muchos hermanos y hermanas costarricenses, pasará a la historia como un capítulo trágico en nuestra vida nacional, y como una dolorosa prueba de la solidaridad y la valentía de nuestro pueblo.
Los seres humanos somos muy pequeños frente al poder de la naturaleza. Eventos como estos no se pueden prever ni controlar. Nuestro territorio se encuentra en una zona de alta actividad sísmica y por eso los temblores son, y seguirán siendo, parte de nuestra vida. Yo sé que es difícil soportar el dolor, particularmente para quienes han sufrido la muerte de un ser querido, o han perdido todas sus posesiones materiales; pero hoy les reitero mi llamado a que intentemos permanecer tranquilos. El Gobierno de la República y todas las instituciones encargadas de dar respuesta a las emergencias, se encuentran trabajando las 24 horas del día para llevar auxilio a quienes más lo necesitan. A pesar de la crisis económica que enfrenta el mundo, encontraremos los recursos necesarios para atender esta emergencia y reconstruir las zonas afectadas.
Sin embargo, no solo el Gobierno puede hacer algo por estas comunidades. Cualquier empresario costarricense puede ofrecer su maquinaria para ayudarnos a remover escombros. Cualquier ama de casa puede donar alimentos, ropa y cobijas para las personas afectadas. Cualquier ciudadano o ciudadana puede donar dinero a la Cruz Roja o directamente a las familias necesitadas. En la Casa Presidencial, como en muchos otros puntos del país, se han instalado centros de acopio para recibir donaciones. Ahora que hemos sido testigos de la fuerza de la naturaleza, nos toca a nosotros demostrar la fuerza de la humanidad, la fuerza que tenemos todos juntos, apoyándonos los unos a los otros.
Ser el Presidente de este país es para mí un honor y un privilegio. En estos días de angustia, es también una enorme responsabilidad. He visto el llanto en el rostro de las madres que perdieron a un hijo o una hija. He visto la preocupación en los ojos de los padres de familia que no saben aún dónde dormirán sus seres queridos. A esas personas les repito que mi Gobierno, y yo, estamos trabajando para ustedes. No los dejaremos solos.
Con la ayuda de Dios, confío en que lograremos superar esta prueba, lograremos rescatar a todos los sobrevivientes, lograremos ayudar a todos los afectados. Les pido que nos unamos en oración, no importa nuestro credo o denominación religiosa. Les pido que recemos por las familias de las víctimas, por quienes se encuentran actualmente sumidos en la desesperación, y también por los socorristas y demás personas que trabajan en la zona. Incluso el más pobre de los costarricenses, puede donarnos un poco de su fe. Este es un país maravilloso, un país lleno de esperanza. A través de las lágrimas y los escombros, sé que muy pronto veremos la luz de un nuevo día.