Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 5 Abril, 2011


MESSIento ¿cómo me siento?


Le pido prestada a un querido amigo, la expresión anterior porque le quedó brillante.
El nivel de bronca que tienen en Costa Rica por el tema del partido con Argentina es, al menos en mi tiempo, inigualable. No queda claro sin embargo, si el problema es porque no jugó Lionel Messi o porque no jugó ninguno de los otros (nombres sobran pero solo uno destaca) de los que vinieron.
El comportamiento del público fue ejemplar. Fuimos un estadio ordenado y educado. Entramos y salimos de forma expedita. Cuando pasaron los recolectores de basura en algún momento del segundo tiempo, entregamos nuestros desechos y nos dimos por satisfechos. Es cierto, silbaron algunos el himno de los ches, pero en general fuimos generosos y comedidos frente a un conglomerado que no lo fue con nosotros. Más pedimos respetuosamente la presencia de la Pulga y cuando no nos complacieron, salimos tranquilos.
Fue al día siguiente que la cosa empezó a tomar otras proporciones, sobre todo en los medios sociales donde ya circulan hasta vídeos en YouTube haciendo burla del asunto.
La culpa no es, por más que queramos trasladarla, de Batista, ni de la AFA. Tampoco del Barça al que apuntaron muchos mandriles en aras de retribución a pesar de que Di María tampoco jugó un segundo y Messi entró, por vez primera de cambio unos minutos el sábado en una jornada que puede dejar definida la Liga. La culpa está en quien contrató y pagó sin condiciones que hoy puedan ser motivo de reclamo, cobró a una afición numerosa que se la creyó y que ha fallado en la rendición de cuentas.
El tema no se circunscribe a la cancha del Estadio donde la ausencia, está claro y ojalá sobre todo para la FEDEFUTBOL, de las artes de negociación se evidenciaron en el equipo “alternativo” que la albiceleste alineó. Sirva para que verdaderamente aprendan que su actuar toca muchas fibras y pecar de ingenuo no exime de responsabilidad a nadie.
¿Cómo me siento? Dichoso. El estadio es fantástico, de clase mundial. La era Lavolpe consagró su mejor partido a la fecha porque los jugadores se dejaron el pellejo en la cancha y me encantó revivir memorias de mi padre con mis hijos en el sitio del viejo estadio de la Sabana. Sin embargo, formo parte de una minoría.
Pero sobre todo, me siento increíblemente orgulloso de haber tenido la oportunidad de felicitar a don Miguel Carabaguíaz, presidente del INCOFER, en un vagón pasadas las 10, porque el tren funcionó a la perfección y porque él no defraudó a ninguno de los pasajeros que viajamos ese día en los vagones atestados de costarricenses.
Igual de ida que de venida. Los del tren sacaron la tarea y él individualmente es un hombre que Costa Rica no debe perder por su vocación, igual en un vagón o en su oficina y velando por el resucitado servicio de tren, para este país. Nos ha devuelto la fe don Miguel y, sin que haga falta Messi, sabemos que sí podemos.