Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 28 Noviembre, 2013

Si no son los mismos, hacen lo mismo y con el mismo catecismo. Ahora se ocupan de fumigar al candidato presidencial José María Villalta


De cal y de arena

Los reaccionarios de ayer y de hoy

Son de los mismos. O vienen de la misma cepa. O de la misma madriguera. Se comportan como coyotes de la misma loma. Los hay descendientes de los protagonistas de aquellas fechas de la historia nacional en que se signaban las bases del Estado Social de Derecho.
Muchos asidos a una visión dañosamente turbia de la realidad política y social, manchada por una ambición lindante con la codicia, con la avaricia.
No le perdonaron al presidente González Flores la reforma tributaria ni la creación del Banco Internacional de Costa Rica al cual el presidente Acosta García le asignaría el monopolio de la importante función de emitir dinero, arrebatándosela a los bancos propiedad de la oligarquía cafetalera.
Ni se diga del acoso a que sometieron al presidente Calderón Guardia por la Reforma Social, las Garantías Sociales y el Código de Trabajo. Lo denigraron por “comunista” y por traer la ruina de la economía nacional.
Igual suerte corrió el Arzobispo Sanabria, a quien esos mismos identificaron con la hoz y el martillo hasta hacer que Guatemala le negara por esta misma razón la visa de ingreso. Extremosos, decidieron botar a Calderón Guardia, según le confesó Jorge Hine a Manuel Mora cuando —audazmente— le invitó a sumarse a ese plan.
Años después, pasada la guerra civil, esos mismos le propusieron a José Figueres derogar las Garantías Sociales, el Código de Trabajo y el Seguro Social a cambio de “todo el apoyo que podría suministrarle el gran capital y la prensa” en las circunstancias que desataría el no entregarle el poder a Otilio Ulate, como se lo propusieron.
La respuesta de Figueres: consolidó las Garantías Sociales... creó el monopolio estatal de los depósitos bancarios y extendió el ámbito institucional del Estado y le entregó a Ulate.
Con el paso del tiempo, “los intereses conservadores y reaccionarios del país” como los llamó Figueres, dieron un giro radical a su estrategia. En lugar de la confrontación directa, optaron por infiltrarse en los principales partidos para domarlos y erradicar todo vestigio de afinidad con el Estado Social de Derecho (ESD).
Sin duda, el éxito los ha acompañado tras crear un nuevo modelo de desarrollo económico concentrador de la riqueza y desguazar el ESD.
Ha surgido una nueva oligarquía, más poderosa, más diversificada, igualmente ampulosa e intolerante a la hora de imponer “la ley de hierro de las oligarquías” de que habló el sociólogo alemán Robert Michels: sus dominios son intocables e inaccesibles para extraños.
La resultante directa de este dominio neoliberal en el mundo nos ha devuelto a los tiempos de la primitiva división social con ricos muy ricos y pobres muy pobres, cosa que no les desvela como sí cualquier foco de inconformidad cívica o política.
Para extirparlo tienen el dominio de la prensa desde donde disparan sin contemplaciones, apelando al uso de la mentira, la difamación y el miedo.
Si no son los mismos, hacen lo mismo y con el mismo catecismo. Ahora se ocupan de fumigar al candidato presidencial José María Villalta.
 

Álvaro Madrigal