Nuria Marín

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Lunes 12 Enero, 2009

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Los ticos necesitamos límites

Por Nuria Marín Raventós

Hace unos años un ex compañero de universidad de nacionalidad holandesa visitó Costa Rica junto a toda su familia. Dentro de los múltiples preparativos en los que gustosamente le ayudamos, para hacer más placentera e inolvidable su estadía en Costa Rica, fueron los arreglos para el alquiler de un carro.
Aún recuerdo la lista de requisitos que tenía que cumplir el vehículo, entre estos cinturones de seguridad para cada ocupante (seis en total) y sillas especiales, con detalladas especificaciones, lógicas y sin complejidades, según el peso y medidas para tres de sus cuatro hijos.
Desde luego y a la tica, lo primero que nos indicaron los de la agencia fue que tales requisitos no eran obligatorios en Costa Rica, recomendando desistir ante el alto costo del alquiler de un vehículo de tales calidades y que iban a ver (casi como favor) si podían conseguir las sillas solicitadas. Por esta pequeña pero característica experiencia, nuestro amigo estuvo a punto de no venir.
Gracias a su cultura y educación recibida desde niño, para él la prevención en seguridad no era un tema negociable ni era necesaria la amenaza de una sanción. Mi esperanza es que a la vuelta de una nueva generación, educada bajo las prácticas de la nueva y otras leyes de tránsito que vendrán, los ticos cambiemos y adoptemos voluntariamente buenos hábitos en las carreteras.
En tanto y mientras esto no suceda, solo la amenaza y el temor de sufrir las fuertes sanciones (cárcel, comiso del vehículo, altas multas) lograrán que los ticos y ticas finalmente nos aprestemos, no sin mucha alharaca y típicos reclamos, a cumplir los mandatos de la ley.
Tema obligado de la sobremesa en las fiestas de fin de año, cada quien ideaba de manera creativa e ingeniosa como incomodar lo menos posible su estilo de vida, eso sí adecuándose a las nuevas prácticas y requerimientos. Cuánta razón tiene mi hija Andrea cuando afirma que los ticos necesitamos límites.
Pese a que las estadísticas de riesgos, y especialistas en la materia nos demuestran que los cambios y exigencias de la ley evitarán muertes y accidentes, y nos darán mayor seguridad en las carreteras, de lo cual ya contamos con tangibles resultados en pocos días (nota de Yessenia Garita en La República del 6 de enero), sobrarán quijotescas acciones que busquen derribar los “negativos molinos.” ¡Oh ticos, amamos el Estado de derecho pero nos rebelamos frente a la autoridad!
Esperamos con optimismo y fe, que la Sala Cuarta al valorar la ley lo haga con sabiduría, teniendo en cuenta que por sobre las libertades individuales, debe prevalecer el bien de la seguridad común, principio esencial de nuestra Constitución Política.