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Martes, 20 de octubre de 2020



COLUMNISTAS


Los daños “colaterales” de la pandemia

Carlos Denton [email protected] | Miércoles 30 septiembre, 2020


La lucha contra el Covid-19 ostenta muchas de las características de una guerra; hay muertos, heridos, destrucción de propiedad, y daños colaterales inesperados. Un “daño colateral” es uno que ocurre sin que fuera la intención de los combatientes; en este caso ni del coronavirus, ni del ejercito de médicos, enfermeras, técnicos, auxiliares que se sacrifican en este esfuerzo de vencerlo.

Los daños a la economía son obvios, pero hay otros que no se revelan tan fácilmente que son peores. El más fuerte daño colateral ha ocurrido con la educación de los niños de escuelas y colegios públicos. Ya habían perdido la mayor parte de las clases en 2018 por la huelga de los docentes y ahora en 2020 se dejaron de recibir casi todo el año. Las “clases virtuales” sí se dieron en muchos casos, pero los niños más necesitados –el 25 por ciento que viene de hogares donde escasea la comida, que quizás funcionan sin uno de los padres, donde rige la desesperación – no pudieron aprovechar de las mismas porque no poseen internet.

Peor todavía se descubrió que una proporción importante de los docentes no sabían cómo usar “Team” o “Zoom” y se dedicaban a fotocopiar unos papeles con las “lecciones de la semana” que supuestamente tenían que retirar de la escuela las madres para que los niños trabajaran con lapicero contestando preguntas.

Sin entrar en más detalles la realidad es que los niños pobres quedaron mal servidos por el Ministerio de Educación Pública MEP y sus funcionarios, incluyendo los docentes. También quedaron mal atendidos porque ya no recibieron el almuerzo caliente de todos los días cuando funcionaba las clases presenciales.

Ese es un componente del daño colateral educacional y el otro es la deserción de muchos colegiales; probablemente eran educandos que no se sentían retados por las clases y cuando se suspendieron, en vez de hacer el esfuerzo con la instrucción virtual, se dedicaron a trabajar o peor todavía al “relajo” en general. Es temprano para declarar una “generación perdida” como ocurrió en la crisis de los 1980’s, pero ya aparecen las “tarjetas amarillas” entre los que observan y estudian estos procesos.

Otro daño colateral ha aparecido entre mujeres victimas de la violencia doméstica. Confinados por las medidas antivirus en muchos casos en espacios físicos pequeños, las diferencias entre familiares se exacerbaron. Las más débiles, mujeres y niñas, fueron las que más sufrieron y siguen agonizando porque se mantienen los confinamientos; no hay escape para muchas y las instituciones que atienden estas situaciones normalmente, ahora están en “teletrabajo.”

Hay muchas dolencias físicas que no se han atendido durante los casi siete meses de la guerra contra la pandemia; lo que se llaman cirugías discrecionales son un buen ejemplo. Cataratas, prostatitis sirven como buenos ejemplos de estos. Las cirugías se han postergado para evitar el contagio. Para las personas que no ven o los hombres con sonda, las esperas han sido agonizantes y psicológicamente debilitantes.

Serán años antes que de que el país recupere de algunos de estos daños.

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