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Domingo, 25 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


Los buenos ciudadanos que comen sus vegetales

Natiuska Traña [email protected] | Viernes 26 julio, 2019


“¡Cómete los vegetales para que seas grande y fuerte!”, alguna mamá

De pequeña recuerdo esa frase, me resulta un poco traumática, ya que los vegetales nunca me han gustado en comparación con otras comidas. Junto a esa frase se unían: ¡Haz el favor de masticar con la boca cerrada!, ¡No le tirés la comida al perro, que no se la va a comer!, ¡No comás con el perro!, entre otras que ahora recuerdo con gracia, pero en ese momento eran el terror de cada comida. Así que mi adorada madre y abuelita tuvieron que implementar mecanismos para lograr que la pequeña rebelde anti vegetal se comiera la comida nutritiva, teniendo al final de la comida como incentivo un postre (jaja a estas alturas de la vida, aún no he superado lo de los postres).

Haciendo un análisis, las cosas no han cambiado tanto (el brócoli o la coliflor, nunca me los voy a comer, ni aunque me paguen).

Siempre tenemos que comer “vegetales” de algún tipo (viéndolos como un sacrificio, no hay derecho a elegir) para obtener el tan dichoso “postre” que en realidad vale el martirio. Al fin y al cabo, los vegetales son buenos para la salud… así como ciertas conductas o comportamientos son correctos y buenos para la “digestión” del alma o de la consciencia.

Los comportamientos establecidos por la “madre socialización” (al final no nos queda más que ceder a las enseñanzas “justas” y “correctas”, lo mismo que al repollo). Bien, pero no todo es tan oscuro, pareciera que después de estos sacrificios podemos entrarle al tan esperado postrecito, claro está, ya cumplimos con la parte “fea” de la comida, así que nos lo merecemos, ¿no creen? Entonces aprovechamos el suculento postre, el cual ya podemos acceder, puesto que hemos cumplido con el “deber ser”, claro está, el bendito postre tiene toda una carga negativa, como de exceso de calorías, de azúcar, nos va a hacer subir unos kilitos de más (snif, snif) pero por favor, con esos vegetales… ¿qué rayos? Luego hago ejercicio… jajaja.

Ahora bien, ¿dónde queda la carne? (un pensamiento en voz alta, que no viene al caso jaja). Se supone que esos vegetales nos hacen grandes y fuertes, (pero los postres nos hacen felices), y ese es el inicio de la toma de decisiones humanas, que se inclina a infringirnos dolor y a no hacer las cosas que nos gustan, por considerarlas malas o no tan buenas; entonces nos programamos a querer el brócoli, aunque sea lo más horrendo que hayamos puesto en nuestro paladar, porque se supone que es bueno o es correcto. ¡Bien!, ya lo hicimos, estamos cumpliendo, y entonces todas las cosas deberían salirnos de maravilla y sentirnos los más fuertes, grandes, saludables y… ¿felices?

Además, estamos siendo “los buenos ciudadanos que se comen sus vegetales”; en la práctica, si reflexionamos un poco, no sirve ni un carajo (risas).

Así que los invito no sólo a no comerse “los vegetales” si no quieren, si no a conseguir una “dieta balanceada” que no los frustre; llena de chocolates y de bombones (acuérdense de Hanzel y Grettel). La vida es sólo un ratito, al final, no creo que en la tumba me acuerde de un ayote tierno, pero de fijo créanme que antes del último suspiro, estaré recordando un delicioso mousse de chocolate.