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Lunes 2 Julio, 2012

Lo que es de todos no es de nadie

El ejemplo típico: las aceras de San José y de los cantones de todas las provincias; el caos más grande en vías de comunicación que tiene Costa Rica. Una vez más se confirma que lo público, que pareciera ser bien de todos, solo pertenece al Estado.
Pero la mentira más grande es que el Estado lo formamos todos nosotros y que las vías públicas como patrimonio estatal son de y para los ciudadanos que las hemos costeado con nuestros impuestos. No nos engañemos con esas patrañas.
El Estado lo conforma el poder político de turno y ellos, los políticos que gobiernan, son los dueños de lo público, incluyendo las aceras, las cuales fueron inventadas exclusivamente para los peatones.
Sin embargo los políticos deciden, al igual que con las placas de taxi, pensiones de lujo y un millar de cosas, a quiénes les conceden esos permisos y prebendas. A quiénes les permiten un espacio en la acera, para poner una venta en las zonas más transitadas, no importa si es en la ventana de un establecimiento que lleva medio siglo pagando patentes y es un lugar importante para la ciudadanía, o en su puerta, obstaculizando el ingreso a sus clientes y dejando solo la cuneta (cuando existe) para que el peatón se la juegue y le arrebate sus pertenencias algún motociclista “preparado”, o lo peor, que lo golpee un autobús o lo mate un chofer rabioso.
Además de eso, huecos en las aceras, basura, arreglos sin terminar, pasos para peatones inexistentes, desniveles inapropiados para minusválidos y, ante todo, irrespeto y más irrespeto.
No tengo nada contra vendedores, por el contrario creo que cada quien tiene el derecho a ganarse la vida de la forma que mejor le parezca y sin obstáculos del Estado ni de nadie. ¡Pero ojo! ¡Sin violar los derechos de los otros!
Sin embargo, los políticos y los jerarcas reinantes ponen a unos grupos a violar los derechos de otros grupos solo para conseguir protagonismo y perfilarse para sus próximas campañas electoreras.
El caos es tan grande que ya se hace imposible poner orden. Los políticos solo esperan de cada concesión que regalan a quien más les reporte votos, poder seguir ascendiendo en la podrida política.
¡Claro! Es muy fácil regalar lo que no les ha costado y olvidarse de quienes estamos viviendo día con día ese infierno.
Los ciudadanos por otra parte no podemos hacer nada más que quejarnos cuando los medios nos ayudan a publicar cosas como estas. ¿Qué hacer? ¿Rogarle a algún diputado para que presente un proyecto de ley para que los derechos ciudadanos sean de una vez reconocidos como tales, y que duerma el sueño de los justos en una Asamblea Legislativa que camina marcha atrás?
¿Ponernos en ridículo ante la Defensoría de los Habitantes para que nos digan que tenemos razón, se rían de nosotros y no hagan nada?
La impotencia nos abruma. La falta de solidaridad y de seriedad de los políticos nos desgasta, nos entristece y hasta dan ganas de rezar.

Alvaro Cordero Yannarella