Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 15 Agosto, 2011


¿Libertad, fraternidad, igualdad? ¿Dónde?

El 14 de julio de 1789 la toma de la Bastilla representó el hecho más destacado de la célebre Revolución Francesa que, con sus principios de libertad, fraternidad e igualdad, influyó en los grandes líderes independentistas de nuestro continente.
Esos principios surgieron de los “iluministas” franceses e ingleses que pretendían quebrar el dominio feudal y lograr que el poder económico cayera en manos de los comerciantes e industriales que no eran nobles: libertad en los negocios, igualdad en las posibilidades de comercialización, fraternidad en las naciones. El inicio del liberalismo económico.
Hoy, a más de 200 años del triunfo de estas ideas liberales, y agradeciéndole a la historia francesa la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, algunos románticos seguimos creyendo que el maravilloso eslogan de la Revolución de 1789 tiene que ver con nosotros, simples mortales. No.
Libertad en Costa Rica, sí: el derecho al berreo. Nada más. Y nada menos dirán los que hayan sufrido una dictadura. Pero la libertad de dos principios fundamentales como es el nacer y el morir nos es negado. Imposible hablar de la eutanasia o la fecundación in vitro sin ser atacado con los epítetos más ofensivos.
Si uno de los poderes más grandes con los que se enfrentaron los revolucionarios franceses (y ganaron) fue la Iglesia católica, en nuestro país tiene más poder que el Estado y no hay político que, piense lo que piense, se atreva a enfrentarse a ella.
Igualdad: ninguna. Las condenas a las decenas de exempleados públicos y empresarios privados que usufructuaron de los bienes del Estado para su propio beneficio nos demuestran que la justicia no es igual para todos. ¿Cómo enseñar el principio de honradez a nuestros jóvenes con semejantes ejemplos? ¿Cómo hablarles de dignidad humana cuando convivimos con la miseria, la tortura, el sicariato, la violencia, el desmantelamiento de la seguridad social y la falta de oportunidades para la mayoría?
Fraternidad: si fraterno es hermano, poco y nada vive este concepto entre los ciudadanos. La agresividad en las calles es digna de Caín. Si contra los nicaragüenses que trabajan con nosotros se mantiene el rechazo y el menosprecio, ¿qué decir de nuestros hermanos indígenas que a un año de haber sido expulsados de la Asamblea Legislativa fueron recibidos en Cuesta de Moras solo por el Directorio, José María Villalta, del Frente Amplio y tres diputados del Partido Acción Ciudadana?
Pero ¿qué ejemplo de hermandad podemos esperar de los “padres de la Patria” si los diputados partidarios de doña Laura, luego de escuchar las terribles descalificaciones públicas que don Oscar hace de su gobierno, asisten a “convivios amistosos” en Rohrmoser? Que conste: quienes sean afines a los hermanos Arias están en todo su derecho a tomarse un vinito con ellos cuando quieran. Pero ¿los otros?
Así estamos: sin libertad, sin fraternidad, sin igualdad (tal como los simples mortales no partidarios del liberalismo económico lo entendemos) y carentes de los principios básicos de dignidad, honradez y solidaridad. O sea: todo mal.

Claudia Barrionuevo
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