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Jueves, 26 de mayo de 2022



COLUMNISTAS


Las elecciones son para escoger gobernantes capaces y visionarios

Vladimir de la Cruz vladimirdelacruz@hotmail.com | Miércoles 19 enero, 2022


Las elecciones del próximo 6 de febrero no son un proceso electoral más, en el cual se elegirá un Presidente, sus vicepresidentes y los diputados. Este proceso electoral es quizá el parteaguas del proceso político nacional, que acaba de superar los 70 años de la Segunda República, la celebración del Bicentenario de la Independencia, de 200 años de vida independiente, que provoca el inicio de un nuevo período, el del inicio del bicentenario, y el de la posibilidad de construir una Nueva Costa Rica.

A partir de setiembre y octubre del año pasado dio inicio a la Costa Rica del Bicentenario, la que marcha adelante, a partir de sus 200 años.

La meta que habría que plantearse con perspectiva futura es la Costa Rica de los próximos 50 años, es decir la Costa Rica que ha de llegar a los 250 años de vida independiente, así como desde la Segunda República visualizaron, en la práctica, la Costa Rica de los siguientes 30 años, hasta 1978.

La Costa Rica de la Segunda República terminó su ciclo con la celebración del Bicentenario. No casualmente José Figueres cuando asumió el gobierno por la fuerza, de facto, dejando de lado del Gobierno, por dos años, a Otilio Ulate, en cuyo nombre se había realizado la Guerra Civil, para defenderle la elección que le había sido arrebatada, declaró que su Gobierno, que inició el 8 de mayo de 1948 se denominaba, Junta de Gobierno, y le añadió de la Segunda República, fundando de esa manera este nuevo período histórico que hemos vivido.

El concepto de Segunda República lo estableció sobre dos bases. La primera, que se celebraba ese mismo año de 1948, el centenario de la declaración de la República de Costa Rica que se había hecho por el Congreso de la República y por el Gobierno del Dr. José María Castro Madriz, el 30 y 31 de agosto de 1848.

Esta etapa histórica del país fue determinante para nuestras relaciones internacionales, para el desarrollo institucional del país, por la defensa gloriosa que hiciera Juan Rafael Mora Porras de la Independencia, la Soberanía y la Libertad, por su lucha contra los filibusteros norteamericanos, que aseguró la marcha independiente del país, del fortalecimiento de su régimen democrático y de sus libertades y derechos ciudadanos, por el carácter liberal de su desarrollo económico y social, y por la consolidación que se había logrado, en la década de 1940, de ese proceso con la aprobación de las garantías sociales, en 1943, y el régimen de partidos políticos impulsado desde 1890 con el sistema electoral de voto directo, en 1913, y secreto, en 1924, y el 40% para definir resultados electorales presidenciales con el 40% de los votos emitidos, en 1935, así como el Código Electoral y el Tribunal Electoral de 1946.

La segunda base de José Figueres, para la fundación de la Segunda República, fue la consideración de que los gobiernos de Rafael Angel Calderón Guardia, 1940-1944 y el de Teodoro Picado Michalski, 1944-1948, habían traicionado los principios de la República, la habían acabado acusando a estos gobiernos de nepotismo, de fraudulentos electoralmente, de corruptos, por lo que había la necesidad de fundar una Nueva República, la que él declaró constituida, en su origen, el 8 de mayo de 1948.

Los años que siguieron a partir de ese momento afirmaron, sin lugar a dudas, un desarrollo extraordinario de la Costa Rica que surgió de que aquellos sucesos, que es la Costa Rica que ha llegado hasta nuestros días, pero hoy debilitada, maltrecha, descompuesta, muy deteriorada en muchos campos, marchita, opaca, sin luz.

Este proceso de descomposición de lo socialmente logrado se empezó a dar desde 1978, cuando el Presidente Rodrigo Carazo inició los procesos de privatización de instituciones públicas, con los cambios en el modelo económico impuesto y fortalecido con los Planes de Ajuste Estructural, a partir de 1982, y los Tratados de Libre Comercio, desde 1990, en los cuales hoy Costa Rica marcha como si lo hiciera en una gran autopista de casi 18 carriles, donde se avanza a distintas velocidades con los distintos Tratados, que no han sido debidamente evaluados en lo positivo que pueden haber o han resultado.

Estos 70 años, desde 1950, han sido de enorme significado partidario, donde dos partidos principalmente ejercieron el papel principal de este desarrollo institucional, en todo lo positivo que tuvo, con los partidos Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana, como en su descomposición final, del mismo modo que en la Primera República el movimiento político de los liberales jugó ese papel principal de ejercicio del poder y de gobiernos hasta la década de 1940, con sus logros institucionales.

Los últimos ocho años de la Primera República, 1940-1948, se asemejan, en este momento a los últimos ocho años de la Segunda República, 2014-2022. En la primera República eso estaba marcado por la presencia del Partido Republicano en ejercicio de gobierno y sus aliados, especialmente, a partir de 1943, los comunistas, alianza que agudizó la crítica de sus opositores y grupos triunfantes en la Guerra Civil de 1948.

En este final de la Segunda República, estos ocho años, de los gobiernos de Luis Guillermo Solís y de Carlos Alvarado, marcados por la presencia en el Gobierno del Partido Acción Ciudadana, a quien como partido se le ha achacado una inexperiencia gubernativa extrema, falta de liderazgo político, una burocracia parasitaria, excesibilidad de gastos, mala administración, ineficacia política, continuidad desastrosa de las políticas económicas neoliberales que han venido campeando en el país, de deterioro y destrucción de las reformas sociales logradas en los gobiernos de Calderón, Picado y de la Junta de Gobierno de Figueres, donde se mantuvieron esas reformas y se desarrollaron en la Constitución Política de 1949 y en los gobiernos que siguieron hasta 1978 y con las reformas que luego se hicieron en el gobierno de Miguel Angel Rodríguez.

Los dos gobiernos del Partido Acción Ciudadana buscaron apoyos sociales importantes, en sectores laborales y sindicales, sin que fueran significativos y reales, y sin que constituyeran una alianza política y electoral como sí lo fue la alianza política y electoral de los comunistas con los calderonistas y picadistas, del partido Republicano desde 1943 hasta 1948. Ni siquiera la idea de un Gobierno de Unidad Nacional, de la actual Administración de Carlos Alvarado, tuvo reconocimiento ni funcionó como tal.

De hecho los gobiernos de Acción Ciudadana traicionaron a los dirigentes sindicales y sociales que se les acercaron políticamente, se burlaron de los intentos de pactos que trataron de impulsar, han quebrado la columna vertebral de las reformas sociales y han debilitado las estructuras sindicales, de conformidad al modelo económico que se impulsa, a toda vela con Acción Ciudadana, y sus aliados legislativos.

Así, el proceso electoral en marcha, a punto de finalizar, se presenta sin norte, sin perspectiva histórica, por ello esa incertidumbre que se siente a pocos días de las elecciones. Los 25 partidos políticos que están participando a nivel presidencial pareciera no tienen brújula política ni brújula nacional. No nos dan mensajes claros de cuál es la Costa Rica que visualizan para los próximos 25 años, cuál es la Costa Rica que se debe reconstruir de lo que queda de esta Segunda República. Hablan de la reactivación económica que se debe seguir. Pero, será ¿reactivación o reconstrucción económica lo que necesitamos?

La gente, los ciudadanos, los electores, ante el proceso electoral es natural que aún mantengan indefinición electoral, porque ninguno de los candidatos es claro en este derrotero. Por más esperanzas, sueños e ilusiones, que se tengan de la posibilidad de un nuevo Gobierno y un Nuevo Presidente, que puede producir la campaña política, no hay claridad en este sentido. Pero, además, ninguno de los candidatos y de los partidos, ha hecho planteamientos de esta Nueva Costa Rica que necesitamos reconstruir y de lo que hay que recuperar en materia social, en esta nueva época.

¿Se puede hablar con este proceso electoral de avanzar hacia una Tercera República? ¿Cuáles son las bases de esta Tercera República? ¿Una nueva Asamblea Nacional Constituyente y una Nueva Constitución Política? ¿Un nuevo Pacto Social y Político, a partir del nuevo Gobierno, y cuáles sectores deben realizarlo? Más aún, frente a un gobierno con la posibilidad de una Asamblea Legislativa débil, fragmentada, ¿qué hacer con ese Poder Legislativo?

La idea de una Tercera República se ha dado desde la década de 1990, en las elecciones de 1998 lo planteó José Miguel Corrales, entonces candidato presidencial de Liberación Nacional. En estos últimos 20 años se hablado de ello, y se ha discutido también sobre la necesidad de una nueva Constitución.

De los posibles candidatos finalistas de este proceso electoral, ¿cuál se atreve a plantear esta posibilidad de avanzar a una Tercera República, a plantear una reconstrucción de Costa Rica?

La Costa Rica de los próximos 25 o más años es lo que está en juego en estas elecciones. Esta es la definición que debemos hacer, es la decisión que debemos tomar el 6 de febrero.

Estas elecciones nos exigen una gran participación y responsabilidad ciudadana.

La actual crisis social y económica, no nos permite quedarnos de brazos cruzados. En estas elecciones, no decidimos el futuro de los próximos cuatro años. La tarea de los nuevos líderes políticos, que escojamos, será la de establecer los cimientos para un crecimiento económico más dinámico, más justo y humano, pensando en la Costa Rica, por lo menos de los próximos 25 años. La capacidad y visión de los nuevos gobernantes que escojamos será clave. No hay espacio, y casi ni tiempo, para improvisar.


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