Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 13 Septiembre, 2016

En un sistema centralizado, capturado por los gremios, con escasa transparencia y lleno de corrupción, es más difícil virar hacia una salud 3.0

Reflexiones

La salud en la sociedad 3.0

No es de extrañar que tengamos cada vez más personas centenarias conviviendo con nosotros y, en general, el perfil de enfermedades de este siglo XXI es muy diferente a lo que existía en el siglo anterior.

La vida en ciudad y los nuevos hábitos alimenticios, el sedentarismo, la contaminación y sobre todo, la accidentabilidad producto de los obstáculos a la movilidad, son muchas veces los causantes de las principales muertes y accidentes que afectan la salud a la población de nuestro tiempo.

Por supuesto, la exclusión, desnutrición y pobreza en la que vive casi un tercio de nuestra niñez, provocan una mayor vulnerabilidad ante virus, bacterias y todo tipo de enfermedades ya resueltas por la medicina de nuestro tiempo, para el resto de las personas.

Es así como el acceso a la salud integral —preventiva, diagnóstica y curativa— es un derecho humano vital para la calidad de vida de la sociedad del siglo XXI.

El excesivo centralismo y dominio de los gremios médicos en los modelos de atención de la salud ha provocado que los cambios que requiere el modelo de salud en la sociedad 3.0 se tarden y se den a cuentagotas, más producto de la oferta que de la demanda del sistema.

Si bien el país ha realizado algunos avances en atención preventiva e integral de la salud, nuestro sistema de salud carece de elementos que le permitan continuar innovando y adaptarse a las demandas y requerimientos de la sociedad 3.0 del siglo XXI.

Me refiero a los cambios en la atención médica y la gestión del sistema de salud, que claramente se han quedado en el siglo XX.

Un ejemplo de ello es para Costa Rica, el proyecto de expediente médico digital, que lleva dos décadas de diseño y ejecución, con el gasto de muchos millones de dólares y sin resultados palpables. Este básico instrumento, cual es tener al día y accesible el expediente de cada ciudadano en forma digital, ha ido y venido sin ton ni son más entre ingenieros industriales y administradores de tecnología, lamentablemente con mucho entusiasmo pero con poco sentido común.

Diseñar un sistema que inicie en el siglo XXI con los ciudadanos del milenio hubiese permitido que hoy estuviéramos al día, pero querer llenar de basura los sistemas con expedientes de personas que muy probablemente han muerto en los años que lleva el proyecto, fue un sinsentido.

Claro, para tener un expediente ciudadano de uso médico digital e inteligente, se requiere tener médicos también dispuestos y formados en la cultura digital 3.0, lo que no parece difícil, cuando vemos que ya en sus propios consultorios privados lo hacen. Sin embargo, cuando atienden en la Caja su letra es ilegible, como si quisieran no permitirle al paciente leer lo que el básico sentido común dicta se le receta.

Tampoco se le permite al paciente, evaluar al médico en su atención, como sí se les exige hoy a los taxistas al estilo Uber. Si pensamos por un momento que el incentivo de la anualidad de los médicos, mayor al 5% por año por cierto, dependiera de que sus pacientes lo evaluaran al menos cuatro estrellas en promedio, creo que más de uno se quedaría sin incentivo, ¿no les parece?

Muy necesaria es la incorporación de tecnología en el sistema de salud, pero más necesario es un cambio de actitud y de gestión a favor de las personas, generando más transparencia sobre la labor realizada, los procedimientos médicos, la productividad del sistema y por supuesto, la ética con que se gestionan y administran nuestros distintos estamentos del sistema de salud.

El ciudadano 3.0 requiere una salud cada vez más acorde a sus tiempos, mayor acceso a las ventajas de vivir en un mundo de grandes avances científicos en casi todos los aspectos de la vida y la medicina. Ciertamente todos queremos vivir más y mejor, pero sobre todo, se requiere generar condiciones para tener equidad en el acceso, servicios de calidad y alta cobertura.

En un sistema centralizado, capturado por los gremios, con escasa transparencia y lleno de corrupción, es más difícil virar hacia una salud 3.0. Las reformas urgentes en la institucionalidad que requiere el país no son para mantener financieramente a un elefante blanco, algo que se puede sostener por una década, quizás dos.

El verdadero reto es repensar el sistema de salud a la luz de los cambios que enfrentaremos en la economía y la sociedad del siglo XXI. No se trata de más hospitales o clínicas o de nuevas maquinarias carísimas en cada departamento únicamente, lleva consigo un cambio en la forma y el contenido de la dotación de los servicios de salud a la población.

Así las cosas, la salud en la sociedad 3.0 está íntimamente asociada con los estilos de vida, la planificación de los entornos urbanos, la movilidad, las nuevas modalidades de trabajo, la educación y por supuesto, el perfeccionamiento de nuestra democracia. Un papel central en dicha reforma es de quien demanda, es decir, del ciudadano y como tal, la reforma debe repensarse con mayor cuidado, las modalidades de servicio deben favorecer al usuario no al médico, la evaluación debe ser integral e inteligente y servirles a ambos, usuario y proveedor, la medición de la productividad es y debe ser un hecho palpable.

Si así lo fuese, seguramente nos dejarían de preocupar tanto las finanzas y el gasto en salud y nos ocuparía la provisión adecuada y de calidad de los servicios.

Dr. Leiner Vargas Alfaro
www.leinervargas.com