La navidad de cuatro generaciones
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La navidad de cuatro generaciones

Desde mediados de diciembre Costa Rica entra en un ambiente festivo.

La Navidad siempre ha sido parte de los festejos de fin de año, en un país que, colonizado por España, recibió de ésta la fe cristiana.

Durante la colonia y después de su independencia, la religión católica ha sido la de la inmensa mayoría de los nacionales. A partir de 1869 se tolera la presencia en el territorio nacional de otros cultos y prácticas religiosas.

Pero las costumbres cambian aunque sigan aferradas a su raíz. Comparar las tradiciones navideñas de hace unas siete décadas con las actuales nos permite ver como se alejaron ciertos hábitos y llegaron o se conservaron otros.

Una familia en donde hay cuatro generaciones, abre las puertas de sus Navidades a Candilejas para que podamos percibir este fenómeno sociocultural.

Escritora y periodista, Ana Piza Escalante, de 80 años, pertenece a una de esas familias numerosas, habituales en la Costa Rica de antes y muy raras en la de hoy.

Ella tiene 12 hijos, 35 nietos y 6 bisnietos.

Remontándose a dos generaciones anteriores a la de ella, Ana Piza cuenta que cuando era niña, la madrasta de su madre desocupaba toda una habitación para armar el portal en Navidad.

Era costumbre que las familias abrieran las puertas de sus casas a quién quisiera admirar el “pasito”. Ahora no se podría porque se ¡robarían todo! Dice doña Ana con una risa espontánea.

El ambiente navideño era antes mucho más calmado, sin estrés, menos comercial. “Era una alegría para nosotros que mi papá nos llevara por la tarde del 24 a visitar a un abuelo.

Sabíamos que ahí había entrado San Nicolás y en una mesa del comedor nos había dejado un regalo a cada uno. “¿Se imagina el entusiasmo de abrirlos todos juntos?”

Luego regresaban a sus casas y los niños se acostaban temprano para que el Niñito Dios pudiera entrar y dejarles un regalito que con mucha devoción le habían pedido.

“Antes no se acostumbraba tanto la cena y los tamales. Yo comencé las cenas navideñas después de casada”, dice esta jovial bisabuela que permanece muy activa y muy rodeada por su amplia familia.

Marta Iglesias, una de sus hijas, dice que otra gran diferencia cuando ella era niña, es que el papá las llevaba a la avenida Central a ver vidrieras, tirar confeti y luego visitaban a tres tías a las que les llevaban un regalo. Regresaban a casa entre las 9 o 10 p.m. para la cena que la madre se había quedado preparando.

Ana Luisa Iglesias (otra hija de Ana) agrega que la mayor diferencia es que antes no había tanta preocupación. “Una navidad no teníamos arbolito y lo armamos con una rama de bambú que teníamos en el patio”.

Su padre era abogado y a veces atendía a gente que le pagaba con un pavo o un cerdito en Navidad. Eso definía el menú de la cena de ese día.

“Era la única vez en el año que veíamos manzanas y uvas, tomábamos vino (un poquito, hasta los niños) y un ponche familiar. Hacíamos una oración y cantábamos villancicos.

Hoy el consumismo es desgastante”.

María Aurelia Vargas es nieta de Ana y dice que antes cada uno de sus once tíos les hacían un regalo, mientras que ahora reciben el de la madrina o padrino y el de la abuelita, pero disfrutan mucho la compañía.

La cultura de la Navidad no ha perdido fuerza, solo ha cambiado costumbres.

 

Editores jefes: Carmen Juncos y Ricardo Sossa / [email protected][email protected]

 


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