Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 11 Octubre, 2008

ELOGIOS
La mentira

Leopoldo Barrionuevo

Hace unos días, el Presidente de la República sufrió el encabezamiento de un medio que de un modo u otro lo trató de mentiroso, una condición que hizo famoso a Pinocho, personaje de Calo Lorenzini por pseudónimo Collodi, un periodista italiano quien toda vez que su muñeco de madera decía una mentira, le hacía crecer la nariz.
En un país donde para afirmar que uno está en lo correcto y a riesgo de dudar de sí mismos los ciudadanos se preguntan ¿verdad? toda vez que emiten unas pocas palabras, no parece que se trate de un tema que merezca el ataque que se le dedicó, mucho menos tratándose de política, el arte de lo improbable.
Veamos si no: todo político que se precie, ha prometido en campaña electoral lo imaginable y lo imposible, aquí y en Groenlandia. Obama y McCain se guían por las encuestas para ofrecer lo que permita ganar votos, pero cuidándose de tratar temas que produzcan escozor a sectores de votantes como la inmigración, los cubanos, el aborto, los cubanos, los negros… Y es admirable la elegancia que esgrimen para no decir nada y parecerse ideológicamente cada vez más, a punto tal que ya hace más de 80 años Ortega y Gasset decía que hoy por hoy y en nombre del cambio, las izquierdas se muestran conservadoras y las derechas prometen revoluciones.
Ya lo decía Discépolo diez años después: “Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor”. Pero yo pienso que la mentira no existe y pareciera un modo sutil de hacer felices a los demás porque la confundimos con sus magnitudes y así, hay mentiras por omisión, piadosas, pequeñas, históricas, mediáticas, familiares, otras que embellecen la vida, las que se presentan para la Declaración de rentas, las que permiten eludir un parte por una contravención de tráfico, las que justifican una llegada tarde en una noche de parranda, las que suceden a una tarde en que te vieron entrar a un motel por horas. Hay también las que usamos para cambiar de profesión y alejarnos de los corruptos que ignoran que somos asesores internacionales, como el ex presidente que promete retornar para demostrarlo. Mejor no revolver el tema de los asesores, porque la imagen de comisión, coima, “cometa”, mordida, “chorizo” se asoma por el horizonte, además yo soy asesor y estoy exento porque jamás me acerqué ni por “patriotismo” a ejercer un cargo político.


Lo malo de ser corrupto no es el mote, lo que se limpia de formas que todos conocemos, no: lo malo es querer limpiar el buen nombre y honor que nos legaron nuestros mayores, que se revuelven en la tumba de la deshonra.
En una negociación ya no se miente porque el otro “no come cuento” y en la diplomacia todo ha cambiado desde que surgió un personaje que ya no se anda con sutilezas y puede insultar impunemente y del modo más soez incluso ante el Rey de España cuando le dice: “¿Por qué no te callas?”
¿Existe la verdad? Frente a la percepción, solo nos quedan las percepciones de la verdad, pero recordando que las mayorías y las unanimidades han sido funestas para la Humanidad. Verdad científica no es lo demostrable sino lo que supere la prueba en más de un 50% y esto, hasta que aparezca una verdad que esté por encima de la actual, a excepción de la verdad formal como la matemática y la lógica, creadas por el hombre para uso, como bien lo señalaba Mario Bunge. Pero la gente sigue muriendo por “su verdad”, aunque sus líderes enriquezcan y vivan en la mentira.
“El fin justifica los medios”, decía Maquiavelo y cualquier juego competitivo como el boxeo, el fútbol, el póquer, se basa en un planteo estratégico que consiste en mentir al enemigo acerca de nuestra próxima jugada, como en el noviazgo o en el matrimonio: “Nada es verdad o es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

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