La escuela de los niños felices
Fotos: Cortesía INDER y Shutherstock
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En medio del bosque, en Carate de Puerto Jiménez, luce la primera escuela autosostenible de Costa Rica.

Hecha completamente a partir del bambú que se cosecha en la zona, tiene dos aulas, baños y comedor escolar entre otros espacios.

Se construyó respetando normas ambientales, se iluminará exclusivamente con paneles solares y no utilizará energía eléctrica.

También el manejo de aguas servidas será amigable con el ambiente y se pretende recoger el agua de lluvia, para que se utilice, por ejemplo, para limpieza de corredores y otros lugares.

Fue la propia comunidad la que se organizó y pidió contar con ese centro educativo, que fue construido por medio de una coordinación interinstitucional.

Todo se logró mediante el trabajo articulado entre la Asociación de Desarrollo de Corcovado, el Consejo Territorial de la Península de Osa, el Instituto de Desarrollo Rural (Inder) y el aval del Ministerio de Educación en el marco del programa “Tejiendo Desarrollo”.

Para el proyecto el Inder invirtió ¢148 millones y en total serán beneficiadas unas 1000 personas de la zona.

“Junto con todos los miembros de la comunidad queremos cambiar la mentalidad de la gente y por eso luchamos por la escuela. Solo con educación se logra ese cambio de mentalidad y se adquiere  la cultura de conservar. 

La conservación  es algo que se consigue únicamente con la gente. En la escuela haremos una huerta. Los propios niños darán mantenimiento  a esa huerta y podrán consumir sus productos y hasta vender parte de lo que cosechen.

Nos empeñamos durante 12 años para tener la escuela y es la primera autosostenible de Costa Rica”, manifiesta a Candilejas Lana Wedmore, Presidenta de la Asociación de Desarrollo de Corcovado de Carate de Puerto Jiménez.

Ella es propietaria de un hotel en la zona y asegura que tiene en él solamente energía “hidro y solar”.

“Quiero que lleguemos a hacer  un pueblo sostenible, no solo la escuela”, agrega esta líder comunal. Y al explicar su manera de sentir la vida, dice que su pensamiento es  que “si usted tiene salud, tiene paz y si hay salud y paz hay felicidad.  Y para conseguir esto debemos cuidar la naturaleza porque somos parte de ella”. 

“La escuela se inauguró en  mayo de este año. Antes teníamos que llevar a nuestros hijos  a un lugar a más de dos kilómetros si queríamos que fueran a estudiar y el centro educativo estaba en muy mal estado.

No teníamos ni agua para esos ocho niños que con tanto sacrificio asistían. Son dos varones y seis niñas, de diferentes grados, atendidos por una sola maestra.

Ahora ellos están felices. Estamos viendo cómo  conseguirles computadoras” cuenta Laura Santamaría Rodriguez, presidenta de la Junta de Educación. 

Y esta comunidad ha tenido que organizarse para muchos aspectos que tienen que ver con  el cuido de su querida escuela.

Por ejemplo, los padres cumplen horarios para ir a hacer la limpieza del inmueble. Y la Asociación consiguió y le paga salario a un joven para que cuide la escuela día y noche.

Si esta primera escuela autosostenible que se edifica en el país, lograra inspirar a otras comunidades para hacer lo mismo, se habría iniciado el proceso de cambio en nuestra cultura para vivir en armonía con la naturaleza.

La aspiración de Lana Wedmore, de crear un pueblo auto sostenible, podría ser motor que impulsara a mucha gente para  una Costa Rica igual, donde cada persona sea guardiana de la naturaleza.

 

Carmen Juncos y Ricardo Sossa

Editores jefes y Directores de proyectos

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