Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 24 Enero, 2009

ELOGIOS
Krisis 2009

Leopoldo Barrionuevo

Pasó la Navidad, llegó la noche de Reyes y en los zapatos nos dejó la crisis más anunciada de la historia, gracias a lo mediática que es la vida actual. Llegó precedida de flechas hacia abajo, como los pulgares del circo romano que prenunciaban la muerte de los gladiadores, pero esta vez para representar la tendencia del cierre de la víspera de los índices Nasdaq, Dow Jones, SAP, y de hecho, Wall Street, mientras los protagonistas en CNN durante el cierre de cada jornada —no importando el resultado— muestran sonrisas forzadas, rostros de carnero degollado, agitando campanas y aplaudiendo uno no sabe qué.
Fue algo mágico: de un día para otro, la alegría de la Navidad se llenó de malos augurios y desarmamos árboles y guardamos guirnaldas para el próximo diciembre sin pensar en lo que nos espera, aunque en mi caso empleé mis vacaciones (diciembre es mi mes de descanso porque no hay a quién enseñarle a vender) en escribir “Gerencia en tiempos de Crisis: cómo enfrentarse con el 2009” que es lo mejor que pude hacer después de haber pasado toda una vida sin que me presentaran a la señora Bonanza, a la que ni siquiera vi pasar de largo por mi camino. Y debí decir demasiado acerca de su permanente ausencia porque alcancé las 350 páginas en letra pequeña y a simple espacio lo que me compromete a develarlo el miércoles 28 en un Desayuno en el San José Palacio.
Al corregir el libro me di cuenta de todo el valor que doy siempre a la motivación, la actitud, el entusiasmo y la fuerza de vivir porque los chinos (no los japoneses como lo mencionó un colega columnista) debieron ser sabios cuando hace 5.000 años, en su idioma de símbolos definieron a la Krisis (respetando el griego) como una amenaza, un peligro sustentado por la oportunidad ante los cambios y una salida que está reservada a unos pocos visionarios que no serán con seguridad los genios de las empresas que iniciaron los recortes de la estúpida Reingeniería antes de pensar en lograr ventajas de la situación. Porque es evidente que siempre hay un grupo de videntes que aprovechan el río revuelto mientras la mayoría se esconde y la deja pasar.


Por el contrario, los medios se esmeran en ahondar en el pánico, imagino que porque la catástrofe tiene “rating” y la esperanza no vende. Ya casi no se leen páginas que no sean pesimistas: hay que tener una actitud positiva a toda prueba para enfrentar tanto desastre, sin ver que todo esto convierte a la situación en única y además en la mayor ventaja competitiva de los últimos tiempos porque es una oportunidad especial para ser diferentes, creativos e innovadores, haciendo lo que otros no pueden porque están más dedicados a seguir los paradigmas, no reinventar la rueda y en especial, no mejorar, en razón de lo que se recluyen en la cueva para abrazarse y gemir.
Aceptamos que vivimos un tiempo de cambios como nunca habíamos soñado y uno de los mayores males consiste en repetir los viejos esquemas, lo mal aprendido, lo que siempre fue y para peor escuchamos esas mismas prácticas pero con novedosos y anglófonos vocablos que no pasan la prueba de los años: Benchmarking, Tournaround, Customer Relationship Management, Total Customer Satisfaction, Coaching, Balance Scorecard, Deconstructing, Reframing, Resizing y cientos más cuya mayor utilidad es para que algunos aspirantes a gurúes (otra tontería) intenten épater le bourgeois (escandalizar a la burguesía) sin demostrar otra cosa que sus escasos conocimientos.
Van a llegar contables y financieros a recortar todo lo que puedan y si no venden no habrá mucho para contar ni cortar, pero ellos viven en otro país que Tiquicia, por eso nunca comprenden lo que decía el viejo Peter: “En cualquier tiempo, lo importante es sobrevivir en el mundo de los negocios, porque las utilidades solo llegan para el que hace bien las cosas”.
Se necesitan fórmulas, ideas, estrategias y acción inteligente. A propósito dijo en el 2000 Henry Mintzberg: “Dios inventó a los americanos para probar teorías, pero nunca imaginó que los americanos iban a ser tantos como escasas las teorías que valiera la pena comprobar”.

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