Randall Madriz

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Lunes 6 Abril, 2015

Juego de gitanos

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En ciertas partes de Europa, aún es posible encontrar gitanos que pretenden embaucar a los turistas con el juego de la “tapadita” o “mosqueta”. Ese juego consiste en el viejo ardid de encontrar la bolita oculta bajo tres vasos invertidos.
Fieles a la frase que dice “Cada día nace un tonto, solo hay que buscarlo”, esos personajes enfrentan al mundo esperando que su rutina rinda frutos un día más.
En Costa Rica, pareciera que el Gobierno planea imitar este juego y ocultarnos la bolita.
El Estado es dueño de diversos bienes. Entre esos activos o inversiones, se encuentran los bancos estatales.
En buena teoría, esos bancos deben reportarle rendimientos al Estado. Es decir, alimentarlo con las utilidades producto de su desempeño. Lo anterior, pues su negocio de intermediación financiera es muy rentable en este país.
Sin embargo, en relación con uno de esos bancos, específicamente el Banco Nacional de Costa Rica, el Ministerio de Hacienda exteriorizó su voluntad de capitalizarlo con la suma de ¢40 mil millones.
Es decir, el Estado lejos de percibir rendimientos, propone realizar un aporte a ese banco.
Esta iniciativa pretende paliar el efecto que tendría sobre ese banco el eventual pago de una deuda a favor del Gobierno.
Esta deuda está relacionada con unos impuestos, aparentemente dejados de pagar, por esa institución.
La discusión entre el Banco Nacional y la Administración Tributaria está por resolverse y el fondo de la misma no es objeto de esta columna.
Lo que si objetamos es la intención del Gobierno de salir al rescate del Banco si la suficiencia patrimonial del mismo se quebranta como consecuencia del pago a favor del erario público.
No pueden los costarricenses tolerar esta burla de parte del Gobierno y el Banco Nacional.
Ese banco, al igual que cualquier otra empresa, debe soportar el pago de una obligación tributaria si la misma es confirmada por la autoridad que corresponda.
El dinero para pagar ese pasivo debe salir del Banco Nacional y entrar a la caja única del Estado. No deben luego realizarse aportes del Estado al banco.
El banco debe ser responsable de sus actos y no buscar luego la ayuda del Estado.
Cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿Se repartieron incentivos a los empleados de este banco en los años en los cuales se identificaron esos impuestos dejados de pagar?
Un impuesto dejado de pagar, así como los intereses y sanciones derivados del mismo deben registrarse en el ejercicio que corresponda a efectos de modificar el resultado de ese año (bien sea para disminuir la utilidad o registrar una pérdida).
En este país se debe poner en la mesa la impostergable discusión sobre el beneficio que aportan instituciones que otorgan privilegios a los burócratas.
¿Estas instituciones existen para generar ingresos que financian los gastos y beneficios de su propia planilla o para generarle ingresos al Estado?
Que el dinero salga de un bolsillo y luego entre a otro no es otra cosa sino un juego de gitanos.

Randall Madriz
Abogada tributario
[email protected]