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Intento de reforma, otra vez

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Ya circulan los dos proyectos de Renta e IVA y se inician las discusiones, oposiciones, críticas, apoyos, modificaciones, etc., es decir, el típico estira y encoje político.
No estaría mal que en esta oportunidad, los diputados nos sorprendieran con una discusión de altura sobre las alternativas que tiene el país.
Desde la Administración Rodríguez Echeverría, se han planteado varios proyectos de reforma integral y no los típicos parcheos a los que estamos acostumbrados.
Ninguno ha fructificado por diversos motivos. En este sentido, creo que en la discusión deben distinguirse dos aspectos.
El primero, el de la parte técnica estructural de los dos impuestos más importantes del país.
Estructuralmente, coincido en el cambio de un impuesto de ventas a uno de valor agregado.
En relación con Renta, el proyecto contiene una serie de modificaciones, algunas de las cuales son muy importantes, por ejemplo, la posibilidad de deducir pérdidas de periodos anteriores (cosa que en la actualidad solo se les permite a las empresas agrícolas e industriales), la posibilidad de amortizar activos intangibles (cada vez más importantes en un mundo globalizado) o el cambio del periodo fiscal a año calendario (olvidando el actual basado en el periodo productivo de la industria cafetalera), inclusión de normas de precios de transferencia y subcapitalización, tratamiento específico del diferencial cambiario, entre otras.
Estas son medidas que son posibles de discutir y adoptar sin aumentar los impuestos en lo absoluto, ya que se trata de modernizar el sistema tributario y no simplemente aumentar la recaudación.
El segundo aspecto es de política fiscal, es decir, a qué manifestaciones de riqueza queremos imponerle un tributo, en lo que siempre conviene mirar hacia fuera y entender qué hacen los países del entorno.
En estas discusiones la técnica no interesa, sino más bien las ideologías. Ahí entra la discusión del aumento del IVA al 15%, pero que tiene elementos de regresividad.
Igual ocurre en el aumento a los salarios (con una escala más progresiva), que es una decisión no de técnica tributaria sino de política fiscal.
Otro ejemplo de política fiscal es la inclusión (golazo) de un artículo que no tiene nada que ver con renta o IVA, en el que se pretende aumentar el impuesto de traspaso de inmuebles 1,5% al 5%, es decir, un aumento de más de 333%, lo cual perjudica gravemente la circulación de capitales y de medios de producción, con el único objetivo de cobrar más por cobrar más, independientemente de las consecuencias.
Históricamente, los proyectos que contenían importantísimas medidas estructurales, fueron en todos los casos desechados por criterios de política fiscal, en particular sobre el IVA.
Es decir, nuestros diputados no son capaces de distinguir el grano de la paja.
O se aprueba todo lo que un grupo quiere o se oponen a todo lo que los demás proponen, lo que ha dado como resultado que sigamos con uno de los peores sistemas tributarios de América Latina, independientemente de nivel recaudatorio. Pero la política fiscal no puede evaluarse viendo solo la parte de ingresos, sino la de gastos, y ahí el Gobierno falla.

Rafael Luna
Abogado Tributario
[email protected]

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