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Lunes, 10 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


Informalidad laboral, tramitomanía y justicia

Rodolfo Piza | Miércoles 03 agosto, 2016


Es un asunto central que 825 mil trabajadores laboren en la informalidad, según la última Encuesta Continua de Empleo del INEC. La informalidad hoy es mucho mayor que hace cinco años (en 2011): había casi 200 mil informales menos

Informalidad laboral, tramitomanía y justicia

Las garantías constitucionales (arts. 56 a 74) y legales relativas al trabajo están ligadas a una condición básica: tener trabajo. Y aunque la protección legal cubre a todos los trabajadores por cuenta ajena (subordinados a un patrono, formales e informales), lo cierto es que esa protección depende, en buena medida, de su formalización. Es decir, las vacaciones, los feriados, la limitación de jornadas, el pago de horas extra, la seguridad social, etc.), dependen de una relación de trabajo reconocida.

Por eso, es un asunto central que 825 mil trabajadores laboren en la informalidad, según la última Encuesta Continua de Empleo del INEC. La informalidad hoy es mucho mayor que hace cinco años (en 2011): había casi 200 mil informales menos. Según la encuesta el 41% de la fuerza laboral de nuestro país es informal. La situación es dramática en la Zona Sur (Brunca) y Zona Norte (Huetar Norte), donde los porcentajes llegan al 57% y 56% respectivamente.

¿Quiénes son los trabajadores informales? Son aquellos trabajadores sin seguro social por cuenta ajena (pagada por el patrono), sin salario (sus ingresos son por servicios esporádicos, temporales o especiales sin subordinación laboral), sin remuneración o por cuenta propia (agricultores, profesionales, contratistas individuales, vendedores de copos, o callejeros, cuidadores de autos, etc.).

Hay trabajadores informales dependientes (tienen trabajo pero no están registrados: cerca de 500 mil costarricenses), y trabajadores independientes (cerca de 400 mil), la mayoría de ellos informales.

¿Por qué son informales? Aunque existen causas diversas (evasión, desempleo, desconocimiento, limitaciones económicas, naturaleza de la actividad productiva, etc.), el presidente de la UCCAEP, Franco Arturo Pacheco, da en el clavo al indicar que “el exceso de regulación mueve a la gente a la informalidad, y ese es un tema en el que se debe insistir si se quieren tener cambios sustanciales”.

En condiciones de desempleo, subempleo e informalidad altos, es necesario:

1) Ser cuidadosos en materia del salario mínimo. ¿Por qué? Porque la mayoría de los informales son poco calificados (apenas si terminaron la primaria y no tienen la secundaria), son personas mayores al promedio y viven en pobreza o en situación precaria. Aumentar desproporcionadamente el salario mínimo, podría implicar mayor desempleo o mayor informalidad. Porque además, cerca del 90% de los patronos y casi la mitad de los empleos, son empleadores pequeños (MIPYMES), que tienen poca capacidad para enfrentar aumentos de costos laborales, por lo que podrían verse obligados a salir de la formalidad.
2) Atacar los excesos de regulaciones administrativas y simplificar de verdad los trámites de formalización en las municipalidades (permisos, patentes, usos de suelo, etc.); en la Caja (incorporar una empresa o un trabajador es un calvario, o una espada de Damocles sobre sus emprendimientos del pasado —no debería descartarse algún tipo de moratoria—); o en las instituciones públicas (MEIC, Salud, Registro Público, etc.). Esos excesos inhiben o dificultan en extremo la formalización empresarial y del trabajo para los empresarios.

No es aceptable que tengamos más de 800 mil personas sujetas a los azares de la informalidad: atacar las causas de ese problema es sustancial para el emprendedurismo y para la justicia social.